La devoción de Arkadia

Mi excitación sexual siempre fue muy variable, demasiados son los factores que se entrometen en la cabeza y bajan la libido. Desde que hablamos he adquirido mucha más estabilidad en este sentido, ahora raro es el día que no lo acompañe con caricias de algún tipo.

No he sido tampoco muy original en la forma de hacerlo, siempre buscando algo cómodo, siempre buscando algo rápido y capaz de hacerme culminar. Desde que hablamos lo hago como se te antoja, incluso aprecio cada vez más la incomodidad de la postura o el frío del suelo.

Tampoco reparaba mucho en mis juguetes, han podido estar meses y meses en su fría cajita. Ahora me acuerdo de ellos mucho más a menudo y les doy calor a cambio de que me hagan notar que están allá donde yo quiera.
Me he dado cuenta además que estos últimos días siento la necesidad de hacerlo de rodillas, en el suelo, al calor del sol matutino. Puede que mi instinto me quiera decir que ya falta poco para que tome esa postura ante ti, puede que quizá sea la necesidad de mi cuerpo de postrarme frente a mi dueño.
Mis últimas experiencias han comenzado simples, sentada o tumbada en el sofá para darme gusto. Y me lo daba pero esas caricias no eran sentidas, arrodillarme en el suelo hace estos días que sienta más mi cuerpo, inclinarme hacia delante para apoyar una mano me ayuda a sentir la necesidad de tu cuerpo.

Nunca sentí de esta manera esa posición. Me permite darme placer y llegar al clímax con soltura pero lo mejor de estar así es la exigencia de tu polla en mi boca, de tus manos apretando mis pechos, la necesidad de que me penetres por la espalda en el orificio que tú elijas aunque uno necesite más delicadeza que el otro. Que puedas agarrarme el pelo, arañar mi espalda o pegarme al culo. Es justo la necesidad de todo esto lo que me hace tener un orgasmo, mi necesidad de ti.

Todavía es llevadero pero presiento que después de que me hagas tuya por completo no lo será tanto. Porque ya habré conocido mi sueño y no podré pensar en otra cosa que en volverlo a hacer real. Entonces intuyo que todo esto que pienso será más vivido, más intenso, más cremoso.

¡Oh! Mi señor, si es como pienso será algo muy cruel y me hará adorarte todavía más, si esto es así llegaré a sentir necesidad de desgarrar mi alma para aliviar la tensión y si es como creo esa tensión no se liberará. Creo que vas a enseñarme a sentir como un mártir, todo por mi amo, toda mi vida para la devoción a mi señor. No, si al final me convertirás en religiosa.
Eres tú quien guía las manos que recorren mi cuerpo, no parece que sean las mías aunque no puedan ser otras. Me doy cuenta cada vez más de que es tu voluntad y no la mía la que me domina, cada día es más claro que mi voluntad sólo es una y es darte satisfacción. Estoy por completo a tu merced. No pienso otra cosa que en hacer aquello que te dé placer, aquello que te saque una sonrisa, hacer algo que te haga recordarme. Y en hacerlo todo de la mejor manera posible, para que ninguna torpeza pueda enturbiar tus recuerdos.

La vida nos trae sorpresas, sorpresas nos trae la vida; así rezaba la canción. Buena elección, quizá sea la mejor que haga en toda la vida, procuraré ser tu mejor decisión. Nunca hubo vuelta atrás, tu primera bala me alcanzó, esa bala tiene nombre: “Procelosa”. Con esa simple palabra me inmovilizaste. Jamás la olvidaré. Tampoco olvidaré que me has hecho romper mis reglas, está claro que era tu primera meta. ¡Bendito seas!

Mi señor, esto no tiene fin.

Hoy te digo mi señor, que me gustaría dejar las palabras para más tarde. Sin siquiera saludarnos ser dirigida a algún lugar cercano para que me follases, sin preámbulos y sin cuentos, sin miramientos. Algo rápido, brusco, intenso, que alivie tensiones, después ya hablamos y después ya me utilizas a tu antojo, con los rituales y preparativos que quieras, con el tiempo del resto del día por delante. Con las bragas bien mojadas hasta que me hagas quitármelas, o me las quites.

Pensar que tú, mi señor, me quisieras tomar como tuya antes de decir “Hola” me hace sentirme más objeto, más tuya, más entregada y mucho más dispuesta para todo aquello que continúe después. Quiero ser tuya por completo y no quiero que la vergüenza tonta me impida entregarme sin reparos.

El tiempo pasa y no en balde, aquello que nace debe crecer.

Estos días mi mente arde y mi cuerpo vibra, ininterrumpidamente. Es esa excitación constante la que me revive y me atormenta, cada día a cada hora, en cualquier momento y en cualquier lugar está presente.

Si no me acaricio sufro, si lo hago también. Sea lo que haga es lo mismo, el corazón palpitante, la garganta cogida, los escalofríos que recorren mi cuerpo, el flujo que aflora y la saliva que rebosa. Haga lo que haga, aunque me alivie, todo vuelve a comenzar.

Besar tu cuello y acariciar tu pecho mientras con mis piernas me agarro a ti. Acariciarte con mi nariz y aspirar tu aroma, recorrer tu cuerpo con mi pelo… es un gozo el tan solo poder pensarlo.

Y cuando pienso, pienso más. Pienso en darte placer, en cómo hacerlo, en cómo lamer tu sexo y cómo procurar no controlarme. Cuando pienso así me abro y al abrirme necesito que estés presente y necesito que me llenes.

Quiero conocer la locura, mi señor, en tus brazos, entre tus piernas, con el calor de tus labios. Quiero que me hagas una animal entre tus sábanas.

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