Obedecerte

Arkadia {mi señor}


Es bello obedecerte, me siento especial a pesar de mi condición humana. Escribo estas palabras todavía con las muñecas esposadas, desnuda y con los muslos mojados tras haber sido, como bien querías, un animal en celo.

Unos minutos de relajación han hecho que vuelva a poder pensar. Estar echada boca arriba y sentirte a mi lado, un escueto beso cargado de ternura aterriza en mi brazo pensando que es el tuyo. Te pensaba también tumbado en la cama, veía tu rostro de perfil y quería besarte la boca, la nariz y las mejillas. Quería también estar pegadita a ti, con tu brazo bajo mi cuello y mi mejilla en tu pecho.

Poco antes había llegado al orgasmo, felicidad que aumenta al saber que tú también. Teniendo en cuenta que no teníamos nuestros cuerpos a mano, ha sido fabuloso. Masturbarme con las manos esclavizadas me gusta mucho, de rodillas y con la cara pegada al suelo me deja más vulnerable pero a la vez rabio de deseo para que me tomes y me desespero cuando no estás. Frotarme el sexo contra la esquina del somier calma por una parte la sensación de vacío e incendia por otra el ímpetu del roce porque no eres tú, porque no embiste y porque no azota mis nalgas ni me coge del cuello o la boca.

Postrarme para ti en el suelo, adorándote y ofreciéndome a la vez me ha mojado más de lo que estaba antes, cuando me has ordenado ponerme las esposas, alzar los brazos y apretar con mis muslos el sexo hinchado. Me sentía tan bien… que me he ido a la entrada, donde tengo un espejo de cuerpo entero, y me miraba danzar con mis caderas que tanta lujuria te provocan, miraba mis curvas y me gustaban, miraba mi rostro y lo veía alegre y feliz, sin ningún velo que esconda nada. Mi boca abierta y mi lengua recorriendo mis labios como deseabas me ha dejado hoy fascinada, porque la he encontrado tremendamente bonita, lujuriosa, elegante… he sentido que es la boca que mejor conjuga con la tuya, y con tu verga. Porque es una foto preciosa cuando tu glande está entrando por mis labios acogedores. Todo eso veía y sentía frente al espejo, contemplándome como tú lo haces y siendo completamente tan yo misma, que me dejo sin palabras.

Cuando me dices “eres mía” me desbordo, una fuerza en mi interior quiere salir a gritar “¡Sí, soy tuya, mi señor!” y me entran ganas de que juguemos con los demás a embaucarlos y que después se den con un palmo en las narices por su orgullo y egoísmo. Somos inquebrantables, es tanto una afirmación como una imposición, no mía, no tuya, sino que nace y se sostiene de nuestra unidad.

Somos dos y somos uno.

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