Nueva cita

Miércoles con Arkadia {mi señor}


Abro los ojos, veo luz; cierro los ojos, veo más claridad. Inspiro profundo y noto la energía circular por mi cuerpo. El descanso me ha sentado bien y es hora de hacer marcha. Preparo la cafetera, voy al baño y mi reflejo me sonríe, me froto los ojos y me desperezo. Siento que me voy a salir yo misma por mis pezones, es una sensación agridulce; en pocos minutos esto cambiará. El café, mi preciado chute para ser persona; coger el vaso, ponerle leche condensada, chupar esa gotita que siempre queda del bote… Mmmm, rico, rico; el cubito de hielo, sonrío; verter el café caliente encima del cubito, éste chasquea y me sale una risita. Remover y tragar. Tragar, tragar… Mmmmm, tragar.

Voy a la habitación, abro el cajón de mi mesita de noche y cojo el conjunto azul que sé que te va a encantar; me lo pongo y voy a mirarme al espejo. Me observo de arriba abajo, por delante, de costado, por detrás… Me imagino que me muerdes, por lo tanto ¡estoy perfecta! Vuelvo a la habitación y descuelgo los pantalones que me pongo con cuidado; descuelgo la camisa de botones y me la abrocho despacio con el precioso espectáculo de mi escote, abrochando llego a la cintura, me recojo en un abrazo. Me calzo las zapatillas y marcha. Mi chaqueta y el pañuelo, también me los pongo, aunque tengo un calor que me sofoca hace aire fresco. Me pesa el bolso por la botella, si no fuese por los aparatejos no llevaría bolso.

Salgo deprisa del ascensor y del patio, demasiado oscuros. En la calle me siento en consonancia con la luz, yo también reluzco. Una breve parada en la máquina de tabaco del bar y ahora ya, por fin, camino directo a tu habitación. Marcho alegre, segura, consciente de cada paso que doy; voy por la calle de atrás, cuando entran en mi campo de visión las ventanas del hotel husmeo pero no veo nada. Giro la calle, entro por la descarada puerta del jardín, accedo al interior de edificio. Izquierda, ascensor, subir. Mientras subo me pregunto hacia qué lado se abrirá la puerta, me lo he preguntado varias veces durante la semana.

Me gusta muchísimo ese breve momento que pasa entre que llamo y abres la puerta, lo paso con los ojos cerrados y sonrisa en el rostro. Escuchar tus pasos me tranquiliza y me emociona porque enseguida nos miramos, nos vemos. Me besas y te beso, felicidad; me abrazas y me siento plena, quiero besarte hasta que se me gasten los labios. Tu visión me maravilla, mi señor, te encuentro perfecto.

Fuera el bolso, el pañuelo y la chaqueta. Me coges de la mano y me giras con un arte, con una elegancia que me derrite junto con tu mirada. Enseguida me pones el collar, experimento una comodidad recíproca; el collar se asienta en mi cuello y yo con él. Ese otro momento en el que me llevaste al espejo… gruño de pasión, me sentí tuya con más intensidad. Encantada, fascinada, obnubilada… tan guapo tú, tan hombre. Y me quieres para ti. ¡Quiero vida para ir contigo!

Besos, besos, besos, te quiero comer a besos. Al desabrocharme la blusa cada roce en mi piel me llama a ir a ti. Cualquier distancia es demasiada para mi cuerpo y para mi mente. Invades con tus dedos las copas de mi sujetador, sacas mis pechos y me estremezco de gusto, yo he soñado esto y es mucho mejor que en mi sueño. Me encanta que quieras llevarte mi cuerpo a la boca, disfruto contemplándote, me excito con tus gestos, me maravillo con tu rostro. ¡Au! Noto tus dientes y tus dientes me hacen notar la barra de metal que traspasa mi pezón, me da gusto hasta que empiezo a achinar los ojos, me cuesta respirar pero tú sigues mordiendo, yo aguanto y aguanto hasta que empiezo a quejarme, y sigues apretando fuerte. A punto estoy de clavarte mis dientes en la cabeza pero curiosamente me pasa por la mía que se me atascaría un pelo entre los dientes. Un poco más y pararás, supongo, pero no paras, no hasta que realmente me quedo sin aliento con las últimas palabras que soy capaz de pronunciar. Ya puedo respirar.

No tengo más mundo que recorrer que tu cuerpo, vivo ahí, soy de ahí. Tuya, mi señor. Desnudarte me chifla, tocar tu cuerpo me obsesiona, besarte el pecho es pura lujuria. No me ayudes a desnudarte, dame el gusto de hacerlo todo yo porque disfruto de cada centímetro de tu cuerpo y con cada movimiento del mío. Ese último tirón de tu camisa me lo robaste y me enfadé, pero tenía mejores cosas que hacer que estar enfadada; me duró un segundo, el suficiente para pensar que ¡merecías estar atado! Claro, con la gracia que me hizo eso como para enfurruñarme, imposible.

Arrodillarme ante ti es tan grande como ponerme en pie ante el mundo entero; grandeza que sólo supera el postrarme para que me folles. Porque mira que me encanta hacerlo pero sobre todo que me lo ordenes; darte la espalda, arrodillarme e inclinarme hacia delante… Mi pena es que no estemos rodeados de espejos, desearía ver cada movimiento que haces detrás de mi. Cuando me penetras, grrr, me expando y me excito más y más, me tomes por donde me tomes me siento llena y me siento vacía, te quiero en cada poro de mi piel; me desesperas y me excitas; agonizo y disfruto. Con cada embiste quiero más de lo mismo, si me azotas también quiero más, si me besas te quedas corto porque no me cansas.

Te sorprendes cuando después de decirme que me ponga cómoda me encuentras en la misma postura, ¡no tengo otra posición mejor! Me ordenas que me quede quieta y mi corazón palpita, no puedo verte pero sí puedo oirte. Sonrío feliz, mi señor, me das lo que quiero. Mi cuerpo vibra con cada latigazo del cinturón, éste es un motivo más que añadir al placer que me provoca desabrocharlo.

Besarte, lamerte, mmmm, volverte a besar. Hundir mi cara entre tus piernas, el dulce olor se apodera de mí; atrapar tu falo con mi boca, me provoca; acariciar tu polla con mi boca, el mejor sabor de la vida; que me agarres la cabeza entre tus manos, una obligación que ansío. Y chuparte, lamerte, besarte, succionarte, me partiría sin ello. Deseo con fuerza incluso esos momentos en los que me penetras bien hondo, cuando chocas con mi campanilla y me atraganto. Son momentos de puro placer.

Mis dedos acuden a tu cuerpo en momentos de relax, quiero acariciarte suavemente, con mucho cariño, con mucho mimo. Dejar la mente en blanco y sentir la vida, maravilloso lo que has logrado que aprenda. Mientras te acaricio noto el movimiento de mis células, diría que las noto todas y se mueven hacia ti, que no dejas de atraerme en ningún momento. Mi cuerpo te ama, mi cuerpo te desea, mi cuerpo te disfruta por completo en la espera, en la acción y en el reposo. Mi cuerpo te pertenece por naturaleza, así lo siento, como si estuviese hecha para ti.

¡Y lo divertido que eres! Me encanta tu humor, seguro que me horrorizaría enfadarte. Ya sabes, tanto ríes, tanto gruñes; ¿era así? Disfrutaré cambiando mi vida para que me puedas llevar de viaje contigo, el lugar no importa porque todo lugar es bello, todo lo disfruto y más cuando me enseñas. Seguro que sería capaz de apreciar hasta los Estados Unidos, lugar que jamás he querido visitar. Disfrutaré cambiando mi vida para que me tengas cuando quieras, cuanto quieras y como quieras, porque quiero que los únicos límites que existan sean los que tú quieras que hayan.

Adoro esos momentos en los que me agarras de las piernas y levantas mi trasero para entrar dentro de mí. Los adoro porque te miro, encuentro tu deseo y tus ganas y te observo hacerme tuya. Me pones a mil por hora, cachonda como ninguna cuando juegas y manejas mi cuerpo a tu antojo. Con cada embestida tuya doy gracias por vivir y por serte apetecible, cada movimiento de tus caderas me enciende más y más. Y no puedo callar. Y si me oye el hotel entero mejor, que sepan que ahí dentro habita el Hombre, mi dueño.

Benditos tus dedos también, aquel rato con la bala fue desbordante, no hay otra palabra que mejor lo describa. Sólo de recordarlo mi culo reclama, mi vagina chorrea, mis pezones quieren estallar y mi boca saliva. ¡Oh, Dios mio! En cuanto metiste el dedo en mi ano el golpe de placer fue inmenso, quería más y tuve más, y tu pulgar, que hace maravillas… Más, quería más y quiero ahora más. Me corrí de tal forma que te habría dado hasta lo que no tengo, sufrí un colapso que me impidió todo menos sentirte. Te sentí profundo y te quería más profundo aún.

Me alegro de que los días no se repitan, porque cada día contigo es mejor. No me ataste y no me dí cuenta de ello hasta que sacaste aquel cinturón blanco, me engañé al pensar que lo usarías para eso y me sentí feliz cuando lo utilizaste para acariciarme. Ji. Me gusta que me ates si quieres y me gusta que no lo hagas si no te apetece. Disfruto de ti y para ti.

Cada respiración de mis pulmones espera de tu aliento, mi señor.

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