Ejercicio de Ishtar

ISHTAR: he hecho los ejercicios en silencio, maestro, estoy excitada, son muy agradables para mi. Noto como al comprimir los músculos las bolas aprietan mi cérvix, aunque olvide confesar algo, he hecho el ejercicio con unos tacones de aguja negros, las bragas de encaje necesitaban algún complemento. Primero me he ido a arreglar, pues iba a evocar la presencia de mi maestro. Me he sentado en una silla de madera recta sin mucha floritura me he puesto los tacones y las braguitas de encaje, lamentándome por no tener unas con algún adorno de cuero.

Me he introducido las bolas, no hacía falta lubricar, pues yo que de por sí soy húmeda, estaba muy excitada, he imaginado que mientras las introducía me observaba, me he sentado lo mas recta que he podido me he puesto el antifaz para anular mi visión y he abierto las piernas hasta que  el tacón tocase las patas traseras de la silla. Me he puesto a contraer los músculos mientras evocaba a mi maestro, notaba como me excitaba y humedecía, resultó tan excitante que hasta la respiración se me entrecortaba, la vibración dentro de mi cuerpo hacía esta dulce tortura cada vez mas apremiante y he de decir, maestro mío, que decidí correrme con ese ejercicio, se hacerlo simplemente haciendo presión con mi propio cuerpo, no es  el orgasmo mas intenso, como los que da mi maestro, pero al susurrar su nombre quería hacerlo con éxtasis en la voz, siento si he sido muy impertinente.

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