Unidos

Arkadia {mi señor}

Una cena ligera en la mesita del sofá, un solo tenedor. Las luces apagadas, incluso el led del televisor, unas pocas velas encendidas. Vestidos con camisetas grandes, braguitas y calzones. Y un fular. Darnos de cenar tranquilos, jugando a ver quién es más pillo. Mirarnos a los ojos y querer hacerlo cuando el fular rodee tu cabeza y mi risa te haga levantar la ceja. Ponerme a horcajadas sobre ti para tentar tu boca con comida, o con mi lengua, o… con lo que me apetezca. Manosearnos sobre y por debajo de la ropa hasta que estemos a punto de estallar de excitación.
Yo quiero cubrirte con besos y caricias, besos largos, pensados, dados con un sentimiento previo y disfrutando de sentir nuevamente cada beso que te ofrezco lleno de amor, pasión y devoción. Pretendiendo que te encuentres en un estado ligero, que el infinito no te pese, porque la infinidad de posibilidades es la que te entrego en cada beso. Sólo una es inamovible, nosotros.


A ti te apetece la contundencia directa que aportan las gotas de cera caliente de una vela, el contraste frío de la hoja de una navaja y el peligro que conlleva el filo del arma. Quieres tumbarme boca abajo y te sugiero además un grueso cojín para ponerme debajo de mis caderas. Deseo tentarte, mi señor, incluso estando atada e inmóvil. Buena forma para ello es dejarte mi trasero más accesible, casi abierto, con las curvas de mis nalgas esperando servirte para el juego y para el placer.
Lo cierto es que no importa la forma, sólo importa que seamos. Tú eres mi dueño, mi hombre y como tal te adoraré y te alimentaré con retos y obediencia. Yo soy tu esclava y tu hembra, mujer para ti, mujer que crece contigo. Y como tales, después de habernos declarado intenciones, me ordenas que me postre para ti, deseo que cumplo con entusiasmo. También que haga el rito en esa postura, me encomiendo a ello sin dudar.
Inspiro, retengo y cuento, expiro. Inspiro y contraigo, retengo y cuento, expiro. Inspiro, retengo y contraigo, ya no me hace falta contar, expiro. Esta vez elijo la visión de un recuerdo, aquel día que me fui a la playa y sentí al sor ardiente como si fueses tú mismo. Me concentro en la sensación cálida y de libertad, en cada respiración alejo un poco más de mi visión aquel retrato hasta que termina por ser un punto de luz que se pierde en la negrura. No queda nada en mi mente, la nada me envuelve durante unos minutos más. Con la mente serena mi cuerpo me llama, tú me llamas, siento fresco y un suave cosquilleo por mi piel. Tengo la sensación de tenerte delante, sin abrir los ojos mi cabeza se alza lentamente, me mantengo así unos instantes disfrutando de la sensación de tranquilidad y orgullo de estar postrada para ti. Tengo una imagen en la mente pero no la pienso, únicamente está y solamente la siento. Todo ocurre muy despacio, estoy sintiendo por ti y me llevas a acariciar mi cuerpo, cuando me doy cuenta de mis caricias la emoción me llena el alma. Tus manos pasan por mis muslos, suben por mis brazos, éstos acarician mis pechos, mis hombros, mi nuca. En mi nuca tu mano agarra, sujeta y me hace doblar la cabeza de lado dejando espacio en mi cuello, “Bésame, mi señor” me oigo decir y una calidez me hace estremecer. Tu mano desliza la cabeza hacia abajo, “Muerde aquí, mi señor” sale de mi boca, otro escalofrío. Mi cabeza libre del agarre se inclina hacia el otro lado, te creo tras de mí, pegado a mi espalda, con tu rostro junto al mío y acaricio mis pechos, mi vientre y mis muslos como si lo estuvieras haciendo tú, el calor que desprenden mis manos siento que es el tuyo. Me vuelvo loca de amor, de pasión y de lujuria. Me siento plena, cargada, dispuesta a cumplir tus deseos. Desde la ligereza de haberme despojado de cualquier carga.

Abro los ojos y me aterro, necesito de ti. No quiero mundo sin ti. Me dices que cierre los ojos y te sienta, lo hago y además me abrazo. Me recojo en ti porque esa es mi manera de expandirme, libre y segura. De la comezón de las ganas a la serenidad, de la serenidad a la entrega, y la ternura que trae caricias y besos que vuelven a encender el deseo y la excitación.

Me entran ganas de que me amases fuerte las tetas, que después de apretar las roces. Me pides que mame mis pezones que están extremadamente sensibles y erectos. Lo hago apretando mis senos, lo repito sin apretar. Quieres que estruje las tetas y lo hago dejando los pezones a la vista, mirándolos y deseando lamerlos otra vez. Empiezo a pellizcarlos con suavidad y llega tu mensaje que me ordena precisamente eso. Pellizco flojito y suelto, flojito y aprieto fuerte, muevo mis dedos y cuanto más muevo más aprieto. Mi sexo reclama tener tu polla dentro, bien dura y quieta, para que sean los pellizcos los que me hagan retorcerme y mueva así mis caderas. Te deseo bien dentro y que aprietes y sueltes mis pezones, que los muerdas y los lamas a tu antojo, que sólo sean mis caderas las que por reflejo se agiten, no pensar en follar pero dejar que la lujuria colme nuestra paciencia y entonces me folles sin freno, fuerte, rápido. Que te sujetes en una de mis tetas, apretando, que con la otra mano me abofetees la cara, que me hagas sacar la lengua para frotar tus dedos y que con la mano mojada golpees mi pecho bamboleante y tortures mi pezón con la otra mano. Deseo gritar hasta quedarme sin aliento, quiero verte rugir de desesperación por tanto placer.

Me mandas a por el dildo azul, me torturas queriendo que juegue sólo con la puntita y vibrando. “Dios, mi señor, eres adorablemente cruel”. También quieres que lama mi hombro, el tacto de mi lengua me sobresalta de gusto y me permites acelerar el ritmo de mi muñeca pero con la misma restricción de hacerlo sólo con la puntita del dildo. Mis caderas se elevan en busca de más y tengo que controlarme, me cuesta hacerlo. Deseas que continúe postrada y con el culo alzado, ansiosa te pregunto si puedo meter el dildo entero y la negativa concede al menos hacerlo hasta la mitad. ¡Estoy terriblemente cachonda y lo menos que quiero es controlarme! Tu siguiente mensaje concede más, hasta la mitad despacio y luego de golpe entero. Me das más placer y a la par alimentas mi ansiedad por sentir que es tu verga y no un dildo, aumentas mi desesperación por ser follada por ti. Te agarraría de la nuca, te mordería los labios y te clavaría las uñas porque quiero más. Así pues quieres que me folle el culo con el dildo y yo llevándolo a cabo quiero tener los dos agujeros tapados y tus dedos en mi boca. Quiero cabalgar sodomizada sobre un cojín, te complace la idea. Cuando estoy a punto de correrme me invade otra ansiedad, deseo notar tus huevos en mis muslos pero como no es posible abro presurosa el cajón y me hago con las bolas chinas. Meto una bola que sujeto con fuerza, la otra cuelga y se bambolea, choca contra mi piel. Te deseo con más fuerza, con más ganas. Bajo las caderas hasta que el cojín sujeta el dildo y aunque impide el movimiento de la bola la noto entre mis piernas. Cabalgo apretando mis pechos, lo hago también de cuclillas, me arrodillo y me pego de frente a la pared, una mano agita el dildo en mi culo, la otra mete dedos en mi boca y cuando siento que voy a estallar vuelvo a montarme sobre el cojín, leo que me quieres coger del cuello… Y lo hago, con una mano atrapo mi cuello y con la otra aprieto el cojín fuerte contra mi sexo, mis caderas no frenan. Tengo un orgasmo de órdago que me deja sin fuerzas y sin aliento, me derrumbo estirada.


Pero quieres más y sorprendida te sigo. Follarme de lado, con una mano frotando y con la otra penetrándome. Pero me llevas a querer más. Cojo el otro dildo que lo sujeto mejor, embisto y lo aprieto con mi vagina, sujetándolo mientras lo saco despacio. Vuelvo a embestir y cuando lo tengo a medio sacar me taladro el coño frenética y sin pausa. Me estremezco de gusto, me emociona el placer que me das, me corro otra vez y freno pero sin parar… Te oigo decirme “Mi semen en tu hermoso rostro” e inmediatamente vuelvo a follarme a toda velocidad derrochando gritos de placer que llevan tu nombre, lágrimas de gozo y plenitud que son provocadas por ti como el nuevo orgasmo que estoy teniendo. Siento cómo por mis venas corre la energía, me violenta, me sobrecarga y me derramo en el deseo de ti, en el deseo de cuidar de lo nuestro y de defenderlo a toda costa.
Me nace reír, me llenas de felicidad y de poder. Contigo sólo hay una cosa imposible, que pueda nadie con nosotros.

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