Nuestros días

Arkadia {mi señor}


Cada cartel marcaba que quedaba menos para estar contigo, 350km para abrazarte, 275km para besarte, 180km para detenernos a mirarnos, 60km para volver a besarnos, 40km para abrir la puerta, 20km para desnudarnos, 10km para acariciar nuestros cuerpos desnudos. Diez metros para que todo comience, cruzar la calle. Y llegabas tan convencido y tan directo que no me escuchaste hasta la tercera voz.

Al fin entre tus brazos, los que me dan la vida. Al fin tus labios, los que me llenan de pasión. Al fin tus ojos, los que me embriagan de ilusión. Otra vez caminando juntos, otra vez con una sonrisa de oreja a oreja. Tu mano cálida, acogedora, fuerte, deseable. Mi mundo, mi pillo bromista. Un buen intento el de querer asustarme con la desprogramación de la primera noche, compruebas que soy inocente pero no tontaina.

Abres la puerta del patio y mi fijación es tu cuello y tu cintura. El ascensor, cuatro plantas, ¡genial! Besos… llenos de deseo, de precipitación, de anticipación. Sonrisas que abren el cuerpo antes que la puerta. El largo pasillo me impacienta en un primer momento y en el resto de veces que lo hemos recorrido. La pasión hierve y el deseo acucia.

Clara intención la nuestra, hacer realidad el potente deseo de gozarnos en cuerpo y alma, de bebernos, de saciar la insufrible impaciencia que nos devora para seguir después disfrutándonos con calma. Muero por desabrocharte la camisa, a cada botón más carne disponible para contemplar tu pecho alucinada y sentir que es para mí. Arrodillada para continuar con el resto de tus ropajes, fuera mi camisa, fuera mi sujetador. Tú libre, erecto, delicioso a mi paladar. Por fin mis labios atrapan tu verga y mi lengua puede recorrer tu tallo y tu glande, no sabes cuántas veces pienso en comértela a lo largo de cada día. Te fascina cómo te como y te encanta que lo desee tanto. Yo sigo a medio vestir y me tumbo en el suelo alzando las piernas para que termines de despojarme. Bienvenido el incumplimiento de mi petición unos días antes, porque empezar a amarnos en el suelo a medio camino del sofá ha resultado inmejorable.

Verte penetrándome es en extremo excitante, sentirte dentro de mí es puro placer. Tus manos en mi cuerpo acariciándome, agarrándome las manos, las muñecas… Haciéndome disfrutar como siempre pero como nunca, un orgasmo tras otro con los que exhalo mi pasión por ti y mi entrega a ti. Y te hace crecerte hasta voltearme, azotarme las nalgas y embestirme con mi largo pelo en tu mano para disfrutar y hacer que me corra una y otra vez con tu pasión, con tu deseo de mí, con tu potencia, con tu fuerza, con todo tu amor.

Es la manifestación de lo increíble, aquello que parece imposible no lo es, existes, estás y me elijes. Eres bello allá por donde se te mire y donde la vista no alcanza pero mi mirada sí. Eres supremo y tengo el privilegio de conocerte, de seguirte, de vivirte, de entregarme a ti, mi dueño, mi hombre, mi guía. MI señor.

Tercera cita

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