Las chicas de Ibertex

Ana

Era una bailaora pelirroja. La conocí en Ibertex, un sistema anterior a Internet. Se presentó en un bar de Malasaña con su pelo rojo pálido tras asistir a una conferencia mía en el Museo Etnológico y verme en la distancia y el anonimato, tras unos días escribiéndonos. Me debió valorar positivamente porque nos citamos. Un día me llevó a su casa. Empecé a desnudarla en el aparcamiento. Noté que la gustaba, seguimos hasta el ascensor que nos elevó a un noveno piso. La até a su lecho y me arranqué literalmente la ropa. Repetimos varias veces. Me gustaba que me la chupara en su coche aparcado en la calle viendo pasar a la gente.

Me divertía penetrarla cuando hablaba por teléfono, doblarla sobre el sillón y levantar sus faldas. Era muy morbosa, aunque cuando perdía la timidez era alegre como una adolescente. Fui egoísta con ella y disfruté más de lo que di y la di por todas partes.

Frutita

También de Ibertex, nos citamos en el bar de la parte de debajo de Jumbo, cuando existía. Llegó y era grande, me pregunté por su apodo. Se trajo una amiga preciosa y nos propusimos un trío en el salón de mi casa. Nos vimos dos o tres veces después, ya con más gente de esa red hoy desaparecida.
Organizamos una comida en un restaurante leonés también desaparecido. A los postres, llegaron guardias civiles vestidos de negro y con boinas, eran los miembros de la seguridad de la Conferencia de Madrid, en el Palacio de Oriente. Los mandaba un capitán que se unió a la alegre pandilla.

Alen
La primera corrida
Mirando atrás
Mar e imperio

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