Será así

Arkadia {mi señor}


Cuando vuelvas (me recreo en esas dos palabras, son tan bonitas juntas, como nosotros). Como decía, cuando vuelvas (grr) querré ir a verte llegar para darte por primera vez la bienvenida a mi tierra. Verte caminar hacia mí, impaciente porque quiero abrazarme a ti y besarte en el andén. Así poder acompañarte al hotel y magrearte el culo mirándote la cara mientras la recepcionista te toma los datos y prepara la llave.

Y que me comas el cuello en el ascensor, cogiéndome un poco más arriba de la cintura, con tu pulgar rozando el borde del sujetador. Aunque sea sólo un piso, encendernos en esos segundos. Salir del ascensor y detenernos a comernos la boca, aunque haya que parar para buscar la puerta.

Y una vez dentro, perder la noción del tiempo. Desabrocharte la camisa y acariciarte el pecho, quitarme los pantalones y rozarme con tus piernas enfundadas, desabrochar los tuyos y que me quites la camisa, pegar mis pechos a tu piel y volverte a besar, arrodillarme a tus pies en lencería y terminar de desnudarte. Acariciar tus muslos y comerte los huevos despacio, agarrarme al interior de tus muslos mientras meto tu polla en mi boca… Tanta espera se ve recompensada con el placer que nos damos. Deseando que me agarres el pelo y presiones mi nuca para follarme hasta que te entren ganas de azotarme.

Pero esta vez tenemos tiempo, no hace falta ir tan deprisa aunque las ganas que nos tenemos quieran. Así que con ganas de azotar mi culo y follarme como animales que somos hacemos una breve pausa para ponerme el collar, ese que tanto echo de menos, mientras sigo arrodillada y expectante. Después me levantas y tu lengua entra dentro, muy dentro y tus manos desabrochan mi sujetador. Pronto abandonas mi boca para ir a por mis pechos y morder y lamer mis pezones y volverlos a morder mientras me bajas el tanga. Adoro tu roce. Te agachas para sacar la prenda de mis piernas y aprovechas para dar un bocado rápido a mi pubis.

Y desnuda, con tu collar puesto, me vuelves a llevar ante el espejo como aquella vez para preguntarme otra vez lo mismo. Y me preguntas además qué deseo, “Que me acaricies frente al espejo, mi señor”. Con tu polla entre mis nalgas te contemplo hacer en el espejo y veo mi rostro disfrutando de cada aliento tuyo que calienta mi piel.

Y ahora sí me llevas a la cama y me tumbas, me abres las piernas que no ofrecen resistencia alguna y te arrodillas entre ellas. Miro tu carita preciosa, sintiéndome en el cielo me deleito viendo cómo me penetras lentamente, exhalo todo el gusto que siento y me vuelves a llenar la copa del placer. Y cada vez me embriago más con el alcohol de tu calor, de tu mirada, de tu fuerza… hasta que mi sexo se bebe el vino de tu cuerpo y aún así más… siempre deseando más nosotros.

Hoy tenemos tiempo. Y la noche entera, la primera.

Aprovechemos para pasear un rato cogidos de la mano.

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