Conociendo a Arkadia

Maestro: A veces disfruto negando el orgasmo, con imaginación, suavidad y brutalidad alternas, hielo y el filo de un cuchillo manejado con extrema habilidad llevo al paroxismo a mis esclavas y cuando están a punto de reventar las azoto o torturo de mil maneras. Una vez tras otra, hasta que llegan sólo con mirarlas, cuando les quito la venda de los ojos. La venda supone la entrega ciega, el respeto por mi control como dueño absoluto, junto a las ataduras expresan la plena confianza en mí. Pero lo que me complace con más frecuencia es ver el orgullo con que lucen el collar sobre su cuello, un hecho físico, o en sus nicks de internet, una expresión moral. En mi adolescencia usaba subterfugios para mi promiscuidad, ahora practico abiertamente la poligamia, lo que gano en sabiduría lo pierdo en el encanto de la clandestinidad. Sic transit gloria mundi.

Arkadia: he pensado mucho, te admiro aunque siento que apenas te conozco, te tengo miedo por desconocimiento, te quiero por aquello que me has mostrado y te respeto por lo que sé y por lo que no sé. Ahora me arrodillo ante ti y te ofrezco mis muñecas para que me tomes como esclava, porque en dos meses me has sometido sin una sola palabra, tómame y átame fuerte porque no quiero poder escapar. No me creo digna y mucho menos capaz, pero espero que la fortuna me sonría.  Lloro porque tengo mucho miedo, mi Señor.

Maestro: Tu miedo te ayuda, te enseña tus limitaciones, tus pasiones. Tu miedo te descubre cosas de tí misma, extrae de tu mente terrores ocultos, identifica lo que no conoces. Tememos lo que no sabemos, lo que no comprendemos. El miedo te hace perder la vida, empobrecerla, mantenerte en los carriles férreos de «esto es lo único posible».  El miedo es el temor a enfrentarnos con cosas nuevas, ignoradas. El miedo limita tu experiencia vital, alimenta el fracaso, te impide llegar a ser quien eres, cercena tu potencial. Nada es más nuestro, más personal que el miedo, ese cobarde que se disipa cuando nos enfrentamos a él. El temor es una forma de suicidio, la variedad más extrema de la ignorancia, te arrastra a la soledad, la pereza, la monotonía. Haz los ejercicios que te mando.

Arkadia: He sido obediente, he hecho mis deberes. Ha sido muy extraño y perturbador, pero ahora ya me siento algo más tranquila. Antes de nada sentía que debía ducharme porque estaba muy sudada y aunque estoy sola, no me hubiese perdonado hacer los ejercicios sin estar limpia y refrescada. Al salir de la ducha y secarme he comenzado a sentirme muy nerviosa, he ido a por el cubito de hielo y he vuelto al baño, lo he dejado encima de la pila para hacer el ejercicio de relajación, no sólo porque era mi deber sino porque realmente lo necesitaba; he conseguido relajarme y abstraerme, no pensar en nada me ha ayudado a calmar los nervios que tenía por el hielo maligno. Cuando he acabado he fijado la mirada en el cubito y en el pequeño charco que estaba haciendo, he inspirado profundamente y sin pensar más lo he cogido, en ese mismo instante volvían los nervios pero sabía que no iban a cesar hasta que concluyese la tarea.
Mientras lo pasaba por el rostro el estómago se me revolvía cada vez con más intensidad haciendo que no me sintiese bien, pero he acabado aceptando que esa sensación estaría ahí hoy de cualquier manera así que me he concentrado en el hielo. Me ha sorprendido mucho cómo el ejercicio de relajación había calentado mi cuerpo, pues había salido refrescada de la ducha, el hielo se derretía a una velocidad que no me imaginaba; me daba cuenta cómo el agua chorreaba por mi cara y resbalaba hasta mi cuello, también resbalaba por todo mi brazo y hacía que el agua fría gotease en mi muslo. Cuando he acabado el ejercicio con el hielo totalmente derretido seguía sintiendo malestar, sentía vergüenza y no me atrevía a mirarme al espejo, pero antes de salir del baño me he dado cuenta que no podía irme sin mirarme y asumir que esa vergüenza es una tontería. Cuando me he mirado fijamente he alucinado (o flipado en colores, como se decía en otros tiempos), porque me he visto bien, me he visto guapa, me he visto orgullosa; no he visto rastro alguno de vergüenza ¡hasta he sonreído! ¿Cómo puede ser que sólo pensarlo me hiciese sentir tanta angustia y después sentirme así?

 Sólo después de acabar he sentido que entonces ya podía hacerme la foto, a pesar de mi desorden o justamente por esto, creo que cada cosa u acción tiene su momento y su lugar; no podría haber sacado la foto antes. Simplemente pienso que hubiese sido una aberración. Por otra parte me trastorna ser fotografiada, qué decir cuando debo hacerlo yo misma y con malabarismos… No comprendo mi razonamiento porque por una parte me gusta saber que hay momentos paralizados en los que estoy yo y puedo acudir a esos momentos con sólo abrir un archivo, pero por otra parte no me gusta en absoluto el momento de tomar la instantánea y bien es cierto que queda reflejado, en las únicas fotos que me veo bien, que me veo natural al fin y al cabo, son las fotos que me sacan sin que me dé cuenta. Al final esta fotografía no me ha convencido demasiado, pero me es imposible ponerme más erguida y con los brazos más levantados, el espacio de mi casa y el tiempo que me da la cámara son muy limitados; ojalá la cámara tuviese mando a distancia.

Me siento muy halagada por los piropos, sobre todo por mis formas de mujer. No es cuestión de ser creída, pero sí que conozco mi belleza aunque no sé realzarla debidamente y en ocasiones no la valoro suficiente. Como le dije a mi pareja el otro día, cuando en las noticias sacaron que una artista fotógrafo había adelgazado a las modelos de las pinturas históricas, que yo tengo una belleza de voluptuosidad, una belleza clásica de cuando lo sano y lo bello era tener caderas anchas y un buen almohadón natural con el que sentarse. No como ahora, que lo bello son los huesos. No, la belleza establecida en esta era no se adecua a mi percepción de belleza, ni en mujeres ni en hombres. Por cierto, gracias a mis formas «clásicas» el traje de fallera encaja a la perfección en mi cuerpo y esto sí que realza mi hermosura, lástima que haga años que no soy fallera y que haga años que no me quepa mi precioso traje… buscaré alguna foto, aunque sean de hace mucho, y te la mandaré.

Cambiando de tema, tengo muy presente que mi relación contigo es sólo contigo y que nadie va a poder darme ninguna respuesta más que tú. No es descabellado que investigue si tengo alguna curiosidad, pero no serás ignorante de ello puesto que te preguntaré y por mucho que pueda leer o dejar de leer, en esta relación la única palabra que vale es la que tú me dices, todo lo que no venga de ti son visiones personales de otras relaciones, nada que ver con quien es mi señor. Y no te quepa duda que en ningún momento voy a preguntar algo a alguien que no seas tú. Y hasta que no me lo has dicho ni se me había pasado tampoco por la cabeza.

 Me ha sorprendido esto de practicar con una sumisa, no me preocupo por ello porque ahora no estoy preparada, cuando me digas que estoy preparada será cuando empiece a preocuparme por aplicar correctamente todo aquello que me hayas enseñado. También me ha hecho gracia lo del evento de spankig, he visto que es el día 11 de este mes, nuestro compromiso es hasta el 17 de agosto del año que viene y sólo con escribirlo me entra la risa tonta. ¡Pillín, pillín! es lo primero que he pensado ¡jajajaja!.

 En cuanto a las reglas de comportamiento, en el mismo momento en el que establecimos las bases de comunicación lo di por supuesto, y no ha dejado de estar vigente ni en pensamiento. Sobre las dudas te iré preguntando cada una que me surja, no es que ahora no tenga ninguna sino que seguramente tengo tantas que hacen tapón y no salen, irán saliendo a su debido tiempo supongo. Y sobre la obediencia creo que lo expresé correctamente en el relato del correo anterior, puede que me dé reparos, puede que me cueste pero incluso cuando piense que no quiero hacerlo, lo haré; no digo que me vaya a sentir así con cada tarea, pero seguro que en más de una ocasión sí, en tales ocasiones no lo ocultaré. También tengo la tranquilidad de que todas esas tareas, las que me gustan y las que no, tienen un fin, y si me has asignado esa tarea es porque es adecuada para mí, por eso obedeceré en cualquier caso, por eso me he sometido a ti y no a ninguna otra persona.

Esta tarde cuando he pensado en hacer el ejercicio me he excitado (igual que ahora mientras escribo), y se me ha ocurrido hacerlo en la entrada donde tengo colgado a la pared un espejo de cuerpo entero. No he utilizado una silla, mi silla ha sido el suelo. Así me encontraba yo, desnuda ante el espejo, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared con las piernas un poco abiertas y no del todo estiradas porque mi entrada es estrecha. No he hecho el ejercicio de relajación en sí porque hoy lo haré antes de ir a dormir, pero sí un poco y luego he empezado con el hielo. He estado mirando cómo se derretía el hielo y como caía sobre mi cuerpo, también me miraba la cara y veía en mis gestos que me gustaba pero a la vez no me gustaba mi cara. Cuando ya había recorrido mi cuerpo con el hielo no he podido evitarlo y he acariciado con él mis labios vaginales y mi ano, después he sentido necesidad de volver a chuparlo y al quitarlo de mi boca ésta me exigía tener algo con que llenarla; antes de empezar me había puesto un vibrador a mano, que no es bonito pero sí práctico, y mientras se consumía el hielo por mi sexo y mi ano, lo he mantenido dentro de la boca sin encender, con los labios lo sacaba un poco y lo succionaba para que volviese a entrar, lo acariciaba con la lengua y lo volvía a sacar un poco para después meterlo profundo pero sin llegar a atragantarme. Cuando ya quedaba poco hielo lo he introducido lentamente por mi vagina, lentamente para notar ese frío ardiente por dentro, y lo he dejado ahí; después me he postrado con las piernas abiertas ante el espejo y mientras miraba mi cara, sacaba el juguete de mi boca, lo encendía y lo introducía en el ano, aprovechando el suelo para mantenerlo en su sitio. Ahora con las manos en los muslos he mirado mi cuerpo completo y después fijándome en cada una de las partes, y erguida como te gusta he empezado a masturbarme. Aprovechaba mis propios fluidos para masajear el clítoris y lentamente mis caderas subían y bajaban, pero cada vez bajaban más para introducir más el vibrador. El orgasmo no ha sido ningún escándalo pero he quedado satisfecha, me pasa así siempre que hago más de una cosa a la vez. ¿He hecho bien? ¿Te complace que aderece así el ejercicio alguna vez?

Me excita saber que te gusta mi sexualidad y me excita mostrártela y también me excita el acongojo que me produce pensar sobre tus posibles exigencias el día de mañana cuando rinda verdaderamente mi cuerpo desnudo a tus pies reales. El excitante miedo de la realidad efectiva que la imaginación nunca puede llegar a igualar. No me escuchas pero de mi garganta sale algún gemido de rabia y algún otro de excitación, también se escapa algún suspiro para calmar la impaciencia. Tengo la entrepierna empapada y los labios palpitantes, mi cuerpo exuda calor y aunque odio el calor y el sudor a la vez estoy deseosa de hervir y estallar mientras elevas mi alma con mi humillación. No me imaginaba que una simple frase implicase tanto, me sorprendo no de sentirlo sino de la voracidad que recorre ahora mismo mi cuerpo y mi mente.

También fue revelador porque no dejé de pensar en ti, en cómo te sentirías viéndome así, en cómo me sentiría yo si me vieses así; también pensaba en lo diferente que serían mis sensaciones cuando fuesen tus manos las que me atasen y fuesen tus manos las que rozasen mi piel. En cada momento me sentía más orgullosa de que seas mi amo, más orgullosa de ser tu esclava, más orgullosa de ser sumisa.  Maestro, mi amo, mi señor es real y cuando lo compruebe terminaré de derrumbarme.  Saludos nocturnos, mi señor y mentor.

Asteria
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