Emputecida

Habla Gretha {mi señor}

Son las cinco y media de la mañana y aun no puedo conciliar el sueño. Mi Señor ha ocupado todo mi ser. Me he retorcido en la cama durante horas mirando su fotografía, emputecida pensándole, tocándome como si fueran sus manos, suspirando su nombre, imaginando que me arrancaba la ropa, que me abría los muslos de golpe para desplazarme sobre la cama a pollazos. Me he metido el mango del cepillo del pelo en el culo y me lo he clavado a fondo, como lo haría él con su polla, azotándome fuerte las nalgas. Quiero ser su puta, su hembra, aaaafffffmmm ¡fóllame! Me pone ardiendo, como nunca nadie lo ha hecho. Nunca me he sentido tan mujer.

Recuerdo todas sus frases, su voz tan viril, le deseo tanto…

Solo después de conocerte he sabido que ya no quería ser nada mas que… “Mia”.

Hoy me pides que comience a escribir un diario sincero, una tarea verdaderamente odiosa para la esfinge, en tanto es un acto consciente de desenmascarar los sentidos que destruirá mi colmado y osificado ego, aquello, enigma de hechizo brillante, que he tenido que escarbar con las manos en mi cuerpo para llegar a mi propia alma, demasiado enorme para poder ser descrito en prosa, un túnel que me lleva desde el hospicio de las palabras vacías de los tenderos, clones promiscuos, a un amor desbocado en negro, absolutamente bello, el tuyo mi Señor, olor a pólvora y esperma, una pulsión en rojo maníaco, tentación barbárica, Eros, amor de macho, seducción sibarita, deseo feroz.

Las dudas. Convertida en TU esclava ¿sabré yo encarnar el avatar de TU satisfacción, nuestra satisfacción mutua?

Tengo dos hogueras encendidas en mi cuerpo, una entre las piernas, y otra en el pecho. Vivo de puro amor y deseo, en un balanceo de equilibrio perfecto entre mi alma de mujer y mi cuerpo de hembra, que maneja con sus manos y sus palabras. Quería sentirme así, como me siento ahora, subyugada por él cuando me folla sin contemplaciones, protegida cuando me acuna en sus brazos.

Quiero que arda de deseo conmigo como ardo yo por él cuando me convierte en su puta (que guarreo dios mio, cómo me emputece, “voy a ponerte la saliva a punto de nieve a pollazos” me dijo ayer), y quiero ser una esclava obediente para hacerle feliz. Qué sentido tiene negar lo que hay? me pone cachondísima ser dominada por Mi Señor. Me he corrido dos veces mas, suspirando su nombre, una de rodillas chupando sus huevos, con el dedo metido en el coño y los ojos vueltos de gusto, mientras él tironeaba del collar que ha puesto en mi cuello. Lamiendo y chupando con adoración huevos y polla, tragando su semen como una sucia perra hambrienta. La otra en cuclillas sobre sus pies, con su polla entre mis tetas y un dildo metido en el culo, que él iba clavando a pataditas. Me ha venido el orgasmo cuando sus manos me han estrujado las tetas para agitarlas salvajemente sobre el tallo de su divino rabo y yo me he hecho cargo del dildo al mismo ritmo de cocktelera. Una follanda irresistible ufff…

Estoy perdiendo la batalla, me parece increíble como se ha apoderado de mi. Todo mi ser respira por él. Ni siquiera puedo aguantar su ausencia 24 h. En verdad me esta poniendo de rodillas, lo que no ha conseguido nadie. Quisiera besar todo su cuerpo.

Hoy me ha pasado un artículo que había escrito en Afganistán, tan interesante que estaba pensando en hacer una maqueta para Stramoniun Nigrum, con música muy cañera y eso. Creo que tengo un buen registro de voz, un poco rota, un poco aterciopelada, adormecida, a juego con el opio de Afganistán. Así que con esa idea he imprimido el texto, y con la intención de cumplir con su deseo de que me sentase en un silla a meditar… me he sentado en la silla, e iba leyendo en voz alta.

Y ahi estaba yo, con los papeles en la mano izquierda, y la derecha metida entre las piernas, boqueando como un pez de puro gusto, chupando y mordiendome los labios, con una fantasia exhibicionista, imaginando las erecciones que produciria el programa si emitiera con mi Señor haciendo las veces de esta silla, para follarme por la puerta de atras. Conociéndole, yo terminaría de rodillas en la silla con el microfono incrustrado en mi coño, o tal vez su mano entera, mientras me obligaba a seguir leyendo. Me pone cachondísima. Adoro ser su esclava.

Me voy a la cama a retorcerme de placer de nuevo…


Mi Señor es una persona que me gusta mucho en tantos aspectos, por ejemplo no importa si yo soy mas inestable, él siempre esta ahí para darme el equilibrio que necesito. Es paradójico que su dura mano me resulte tan dulce y suave como la seda. Supongo que entiende que nuestra relación para mi es como un renacer, y que es difícil hacer estos ajustes en mi personalidad. Me refiero a que nunca he sido sumisa, y aunque lo soy con él por voluntad propia (su masculinidad me resulta irresistible), no dejan de haber momentos complicados, sobre todo tener paciencia, confianza… en lo tocante al alma se la he abierto de forma sincera, y en eso tengo que decir que no me ha costado trabajo porque desde el primer momento supe que quería ser algo para el maestro.

Realmente no se que le aporto yo a mi Señor, pero adoro someterme a él y que también le hago feliz, como él a mi.

¿Qué quiero ser para él? Pues su hembra, su compañera. Esclava es una palabra que me resulta bonita. No sé, que lo decida él, que me use como bien le plazca, que le de él el nombre a lo que somos.

Me hace ilusión ese anillo de plata, tan feo, pero tan significativo, esa es la verdad. Deseo con todo mi corazón que ese anillo selle nuestra relación, y que dure mucho, muchísimo tiempo, que siempre este orgulloso de mi, aunque aun sea incapaz de recordar que tengo que hacer el ritual del objeto cada noche, que debo meditar sentada en una silla, o mejorar la ceremonia del collar. Juro por los dioses que sabré hacerme amar. Me ha costado llegar hasta aquí. Nadie sabe cuanto he llorado en este camino hacia él, a veces por mis fracasos, otras de emoción al reencontrarnos y sentirme aceptada, pero lo haría mil veces solo por estar en sus brazos.

A veces, para darme fuerzas, imaginaba la cosa como una suerte de etapas llenas de trampas del ego, que tenia que superar para llegar a lo alto de la torre, donde estaba el Rey, y liberar su corazón cautivo, y entonces, en el mundo, fecundado por su amoroso semen, volvería a brillar la primavera. Y estas cosas son las que yo no quería contarte, por pudor.
Ahora me gustaría que me comieras a besos, que tu excitación subiera como la espuma hasta tomarme como a tu hembra, bajo tu dominio. Ganas de ti.

¡Tú! Mi Señor…

Es Gretha, la hechicera, ¡salve!

La voz de Gretha
Pasión por Gretha
La fiesta
Afrodita en la bañera
Siglo de Oro

18 comentarios sobre “Emputecida

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