La voz de Gretha

Estamos en mi despacho, esclava, trabajando en un programa de nuestra radio. Discutimos en un arranque de los tuyos y comienzo a besarte para callarte, lo que hace que te enojes más farfullando en mi boca hasta que empiezas a besarme . Nos devoramos la boca con ansia. Con hambre de besos.

Agarro fuerte tus manos, las llevo a la espalda. Comienzo a bajar mi boca por tu cuerpo, cuello, tetas, vientre, hasta llegar a tu sexo. Restriego mi cara contra él. Comienzo a lamerlo. Primero muy despacio pasando la punta de tu lengua por cada pliegue de tus labios. A medida que escucho tus gemidos, subo el ritmo comiéndote el coño. Agarras mi cabeza. Sigo mamándote el sexo, chupando tu clítoris, casi dejándote sin respirar. Jadeas, susurras. Me suplicas que te folle. Eso me enardece, tu voz siempre es excitante para mí, perfecta y generosa como tus pechos, tus caderas, tus ojos.

Me gusta escuchar su voz, clara y oscura como un cuadro de Rubens; clara por las melodías que navegaron por el Mediterráneo, oscura por las sensaciones sensuales que despierta en mí y su risa se desborda como una catarata en un paisaje lujurioso. Es una voz que evoca sueños y hace arabescos con los caprichos.

Te cojo del pelo y nos besamos. Te siento en mi escritorio, subiéndote la falda de nuevo, arranco las bragas que tienes en las rodillas. Te separo las piernas, dejando tu coño expuesto. Te ofreces a mí. Y te doy la vuelta, te pongo boca abajo contra la mesa. Te doy un azote en las nalgas. Magreo tus pechos con deseo. Te azoto de nuevo. Paso mi polla por tu coño empapado rozándote con el glande pero sin llegar a invadirte. Continúo torturándote deslizando la polla entre tu sexo y tu culo. Te meto despacio por un momento la punta de mi verga en el culo. Te susurro que luego lo haré mío. Y, de repente, te embisto, clavándote mi falo en tu sexo, empiezo a empujar dentro sujetando tu pelo, aferrando tus caderas. Te digo al oído que eres mi puta, mi esclava, mi hembra, mi cómplice. Voy a reventarte de placer, te deseo muy puta conmigo, te digo mientras te poseo sobre la mesa del despacho.

Termino la historia y le cuento a mi amigo, mientras bebemos un whisky viejo, «Gretha siempre ha sido especial, su entrega como mujer y su afán de conocimiento como persona sólo tiene parangón en sus cóleras bíblicas. Sabe hacer de todo: escribe, es artesana y artista, que son dos cosas distintas, curiosa y polémica y su pasión me incendia al igual que sus celos me matan, ya lo han hecho varias veces. Ignora su valor. Yo no».

«Ojos claros, serenos, 
si de un dulce mirar sois alabados, 
¿por qué, si me miráis, miráis airados? 
Si cuanto más piadosos, 
más bellos parecéis a aquel que os mira, 
no me miréis con ira, 
porque no parezcáis menos hermosos. 
¡Ay tormentos rabiosos! 
Ojos claros, serenos, 
ya que así me miráis, miradme al menos.» Gutierre de Cetina

La voz de Gretha
Pasión por Gretha
La fiesta
Afrodita en la bañera
Siglo de Oro
La pasión de Gretha
Mía

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