Mía

Un texto de Gretha

A eso de las cinco de la tarde mi Maestro me ha dicho “Prepárate, bajarás a la cala a las ocho en punto, yo te estaré esperando allí. Vístete sencilla y hermosa, pero no lleves ropa interior”. Luego me ha besado en los labios como hace antes de marcharse, sosteniendo un rato mi cara para mirarme a los ojos después del beso. He visto que cogía las llaves de la moto y salía por la puerta sin volver la cabeza. 

Como ya estaba depilada solo tenía que bañarme. Busqué en el armario de cuarto de baño pero no encontré ningún gel así que estuve a punto de cambiar el baño por una ducha con mi champú, pero, no se bien por qué, la suavidad de la espuma me llevo al recuerdo dulce de muchos años atrás, cuando era adolescente y fantaseaba en la bañera con mi cepillo del pelo. Me apeteció volver a sentir aquello, de manera que puse el tapón en la bañera y dejé que se fuera llenando. Me sumergí en el agua casi fría y enjaboné bien el mango de mi cepillo del pelo, y me lo fui introduciendo con cuidado por el ano. La sensación de la madera dentro de mi cuerpo y las puntiagudas cerdas del cepillo contra la delicada piel de mis nalgas me hicieron arder en apenas un minuto. Fantasee un rato pensando que Maestro estaba viendo la escena por un agujero en la pared, y que tenía tantas ganas de follarme como yo de que lo hiciera. Pensé en su polla dura como el mango del cepillo atravesándome por detrás, apreté bien el culo para que entrara más, ¡Oh tu polla, mi señor! Lanzaba las caderas hacia abajo, contra el fondo de la bañera clavándome bien la “polla” de Maestro, el roce de la madera dentro de mi me quemaba las entrañas. Me agarré las tetas como lo haría él con sus manos fuertes, apretándolas y subiéndolas hacia arriba, masajeándomelas, pellizcando mis pezones. Cerré los ojos (que maravilla ser enculada por ti, despiertas mi obscenidad más oscura). Me habría gustado tener su culo frente a mi boca, lamérselo mientras le masturbaba, meterle los dedos ahí, moviéndolos rápidamente, volverle loco de placer, ¿querría él probar mi amante cepillo? Pensé que sí, que los dos estaríamos sintiendo el mismo placer, que nos miramos a los ojos lanzándonos turbias miradas de vicio, con las lenguas fuera de la boca, gimiendo y jadeando, besándonos con pasión. Me corrí enseguida, diciendo su nombre, un orgasmo intensísimo, delicioso. Luego saqué el cepillo de mis entrañas y me azote las tetas con las cerdas, pero paré en seguida, iba a llevar un vestido con un gran escote y no quería aparecer en la cita con marcas. Estaba algo mareada de tanto hiper ventilar, pero me recompuse en seguida y me preparé para acudir a la cala. El pelo suelto, algo revuelto como siempre, cayendo sobre mi pecho, los parpados pintados en negro humo para resaltar el verde de mis iris, rímel para alargar las pestañas, un labial rojo pasión, los pendientes isabelinos que Maestro me había traído de Niza, el vestido con los volantes bajados sobre los hombros. Me pinté las uñas de los pies antes de calzarme las sandalias, y me perfumé como le gusta a Maestro. Salí del apartamento en dirección a la cala, donde ya me esperaba. Aun hacía sol y vi que había apilado un montoncito de maderas para hacer una pequeña hoguera. La cala es propiedad de la casa, así que podemos hacer lo que queramos. Había también un gran y precioso foular sobre la arena, donde mi señor había dispuesto unos cojines, un cubo metálico con una botella de vino en hielo, un plato con queso y uvas, y un maletín.

_ Vamos, Gretha, baja de una vez, te estoy esperando para encender la hoguera de San Juan – dijo haciéndome gestos con la mano

_ ¡Fantástico! ¡Que buena idea! – bajé por el camino de arena correteando con las sandalias en la mano.

Me abrazo y alzandome me dió una vuelta en el aire, y un beso ardiente

_ Hoy vamos a celebrar el comienzo de algo muy importante… – dijo

_ ¿En serio? De que se  trata, mi Señor? – Yo estaba feliz y expectante

_ Quítate la ropa, mi bella, quiero verte desnuda sobre los cojines

Lo hice despacio, ceremoniosamente. Él encendió un cigarrillo, me miraba mientras aspiraba hondas caladas. Parecía estar disfrutando, sus ojos se iban encendiendo como el ascua del cigarrillo sin filtro.

_ ¡Gretha!

_ Dime cariño, digo mi Señor.

_ ¡Ponte de rodillas sobre los cojines!

_ ¿Así, mi Señor?

_ No, con los brazos extendidos hacía delante, apoyalos sobre tus muslos y muestrame las palmas

Cuando estuve en esa posición que me había ordenado, me agarro del pelo para elevar mi cara. Sabía que íbamos a follar, le conozco, se cuando está inflamado de deseo. Le miré a los ojos. Nos estábamos mirando con amor y deseo. Mi pecho se lleno de aire caliente como un globo. Sus ojos me hacían volar.

_ ¿Qué tienes en las manos, Gretha?

_ Nada, amo– alcé las manos mostrándoselas

_ ¿Y por qué no tienes la fusta para ofrecermela?

_ No la he traido, no me lo has pedido, amor

_ Abre el maletín – me dijo

Lo abrí. Dentro había cuerdas, un pañuelo negro, una mordaza, un collar nuevo que me parecío precioso, no era un collar de perro como soliamos usar, sino un collar de plata con una argolla y un corazón tallado con las palabras “De Maestro Látigo”, y la fusta. Estaba sorprendida por el contenido del maletín. Cuando saqué la fusta vi que se había abierto la bragueta y estaba de pie frente a mi. Se la dí, me dijo que me abrazara a sus piernas y que apoyara la cabeza en sus muslos. Yo estaba allí de rodillas, abrazada a sus piernas, con la cara a pocos centímetros de su paquete. Maestro paso la fusta lentamente por mi espalda, recorriéndola desde las nalgas hasta los omóplatos, y luego en dirección contraria

_ ¿Sabes que eres mía, verdad? – dijo

_ Sssíiiii

_ ¿Confías en mi, Gretha?

_ Sí, confio en ti, mi Señor

_ Quiero que seas mía siempre, solo mía

_ Solo tuya, Maestro

Apreto mi cabeza contra sus piernas, me alzo un poco por el hombro y puso mi cara a la altura de su bragueta. Yo seguía abraza a sus muslos. Se saco la polla y empezó a restregármela por la cara. Me golpeo suavemente los labios con ella para ordenarme con el gesto que abriera la boca, me la pasó por la nariz, aspiré su olor a hombre

_ Huele a tu macho! – me ordenó

Aspiré más fuerte, podía oler sus hormonas que parecían subir hasta mi nariz desde sus huevos. Me apretó la cara con una mano, volví a abrir la boca y me metió la polla. Entonces lanzo la fusta contra mi grupa cortando mi respiración, me agarró por la nuca y me introdujo la polla hasta la campanilla. Sentí que me asfixiaba, me mantuvo así mientras me preguntaba “¿De verdad confias en mi, Gretha?”. Yo no podía responder, los ojos se me estaba llenando de lagrimas, me ahogaba, entonces saco su polla de mi boca y tirando fuertemente de mi pelo volvió a preguntarme “¿Confias en tu Señor, puta? ¿Dime qué eres, Gretha, quién eres?”

_ Soy tu puta, tu puta exclusiva, mi Señor.

Su miembro tomó vigor al escuchar mis palabras. Se bajó los pantalones con los calzoncillos hasta medio muslo dejando su polla y sus huevos al aire. Yo me lance a por ellos, hambrienta de su sexo, chupando ansiosa. Él me agarraba la cabeza con dos manos, parecía una torre, ahí de pie, ofreciéndome su polla que yo mamaba fuera de mi, con hambre animal, haciendo ruidos, rechupeteando su glande, sorbiendo y acariciando, pidiéndole con los ojos que me mirara, que viera como su puta le estaba haciendo una mamada de nivel Hiroshima, noté que le temblaron algo las piernas, y me agarre a sus nalgas, metiéndome la polla hasta el fondo, chupaba rápido. Empezó a gruñir “Gretha, Gretha, assssiií zorra, sigue chupando así, assssiiii”. Lanzó sus caderas hacia adelante, supuse que se iba a correr y le mire esperando una señal mientras mi lengua seguí recorriendo su polla y mi mano estrujaba sus huevos. Se apartó de mi un poco para sacarla de mi boca, y agitándola contra mis labios estallo en hermosos chorros de semen, que colgaron por mi barbilla hasta caer entre mis tetas. Estaba jadeando de gusto, pero yo sabía que aun podía exprimir un poco aquellos huevos deliciosos y empecé a chupar cada gota de leche, recorriéndole el rabo con la lengua, rebuscando ansiosa las gotas que habían quedado en sus huevos. Me acariciaba la cabeza y gemía. “Eres tan puta, Gretha, tan golfa y puta. Ahora límpiate la cara, hay toallitas en el fondo del maletín”. Hice lo que me ordenaba, y mientras me limpiaba se quitó los pantalones del todo, y se tumbo en los cojines con la camisa negra abierta.

_ ¿Sabes para qué son todas esas cosas, cariño? – me preguntó

_ ¿Tu kit de juegos, mi Señor?

_ Humm, ¿así que no te estas preguntando nada sobre ese collar?

_ jajaja claaaro, es para mi, ¿no es cierto?

_ Es tu collar de esclava de tu macho

_ ¿En serio?

_ Claro. Hoy haremos el juramento y a partir de ahora estaremos siempre juntos. Tú serás mía donde sea que te halles. Y yo seré tuyo también.

_ Por eso me preguntabas si confiaba en ti?

_ Sí. No me tienes miedo, ¿verdad, mi perra? Sabes que nunca te destruiré, cuidaré de ti como el tesoro que eres, mi joya

_ Lo sé, amor

_ ¿Harás siempre lo que sea por complacerme?

_ Lo haré siempre- él sonrió

_ ¿Serás solo mía?

_ Solo tuya

_ Siempre

_ Siempre

_ Entonces saca todo lo que hay en el maletín mientras yo enciendo esta hoguera, que será el símbolo de nuestra pasión para siempre. Aquí, bajo las estrellas y bajo esta luna nos uniremos con el compromiso de ser fieles a nuestro juramento, y cuidarnos mutuamente.

Y lo hicimos, emocionados, felices del paso que estábamos dando, orgullosos el uno del otro. Completó la ceremonia poniéndome el collar. Luego ató su mano a la mía, me beso en la boca como solo sabe hacerlo él, y me abrazó tan fuerte que sentí que no había nada en el mundo tan seguro y confortable como sus brazos.

Tuya

Pasión por Gretha
La fiesta
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Siglo de Oro
La pasión de Gretha

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