Tiempos de la dama

Maestro: Abrió el cuaderno, durante un momento se detuvo impresionado ante la blancura del papel. Despacio, para alargar el momento, desenrosco el capuchón de la pluma. La acercó despacio, como intentándolo evitar, al fin la tinta mancilló el papel y escribió: cuando la conocí… las frases fueron surgiendo como por ensalmo. Sin pensar. Parecía que la pluma estaba alimentada directamente por su alma. Volcó en el cuaderno rojo los primeros tanteos, la amistad naciente, una cena que se hizo esperar, el modo en que él se vistió con elegancia inusual, la conversación animada por el vino, sus avisos previos, el sí de ella y el primer beso. Bajaron la calle besándose. Poco después la citaría para subir a una habitación mercenaria.

Dama Asteria dice: tú me citaste pero yo te pedí la cita, porque tú estabas tardando

Maestro dice:  Se enterneció al verla en la plaza esperando. Algo rígida, seria, ocultando sus temores ante la seguridad de su gesto firme, la entrada y el ofrecimiento que él la hizo de una salida por si ya estaba arrepentida, el abrazo de ella, la tarde en que se conocieron sus cuerpos y gozaron. Allí conoció el sabor del sexo de ella, la textura de sus pechos, sus sinuosas caderas y la dominó.

Dama Asteria dice: y que me gustaba acariciarte las piernas cuando te relajabas.

Maestro dice: Allí nació la idea, que le diría días después, de irse juntos de viaje, de probarse en la compañía constante, minuto a minuto, durante días, la compatibilidad.

Dama Asteria dice: ya lo habías dicho, la primera noche, la de la cena.

Maestro dice: le mandó que buscara un viaje a Escocia, demasiados trasbordos y poco tiempo para estar juntos, al final fue Holanda.

Dama Asteria dice: siempre he tenido la impresión de que ese viaje te gusto mucho más que los demás.

Maestro dice: no, Ávila estuvo genial, por ejemplo, y Toledo, tampoco nos fue mal en Segovia.

Dama Asteria dice: fíjate, a mí en cambio los que me vienen antes a la cabeza de todos son Zamora y la casa rural

Maestro dice: sin embargo fue en una calle principesca donde me bebiste por primera vez, donde te penetré por donde no lo habían hecho antes también por primera vez. Recuerdo una tarde de oasis, atada a la cama, te lamí hasta hacerte gritar y luego de embestí hasta cambiar la cama de sitio, además de metértela hasta en el bolso.

Dama Asteria dice: me acuerdo de dónde acabó la cama y me acuerdo de mis gritos, te necesito, soy tuya pero además deberíamos follar más; recuerdo cuando te acercas a besarme, en cada ocasión. Ahora intento confundir la presión de mi cuerpo sobre el respaldo, de mi espalda sobre el respaldo, con la presión de mi espalda sobre tu cuerpo, sobre tu espalda, sobre tu costado, hasta ahí intento llegar, si imagino que me abrazas, se estropea porque nada me abraza, si te imagino a punto de besarme, acercándote a mí, casi puedo notar tu aliento pero no puedo recrear el beso, ni tú cogiéndome, puedo imaginarlo, pero entonces salgo de esa especie de nirvana donde estoy ahora que te noto detrás, o que te noto cerca de mi cuello, es un paso más allá, es mi manera de dormirme, imaginándote aquí, a mi modo. Pero la vuelta a la realidad es muy frustrante. Bueno, lo de recrearte no es nuevo. Lo llevo haciendo años para dormir. A veces apretaba la pierna contra la mesa para recrear la sensación de tocarnos las rodillas como provoqué que pasara alguna vez Jajaja, sí, de pronto tenía que verte, tenía que oírte hablar, al principio me conformaba con oírte hablar a los demás, pero en la comida en aquel chino ya intenté hacerme hueco y aprovechar para ir tanteando. Te eché la caña pero bien. Resulta que había acertado, la atracción por ti tan fuerte no era porque sí, acoplábamos estupendamente y no me forcé a nada que no quisiera, si bien era consciente que si no lo hubiera sido, en pocos meses me habría cansado.

No podía dejar de pensar en ti. Voy por la calle y voy pensando: te quiero, te quiero, te quiero y estoy en casa preparando la comida y estoy pensando en conectarme y leerte, estoy haciendo cualquier cosa a cualquier hora y estoy pensando en ti. Si no sonara tan mal diría que soy tu parásito, jaja. Y sigo obsesionada contigo, solo que ya no te veo delante y te veo a mi lado.

Al principio tenía miedo porque pensé que iba a durar poco, unos meses quizá, como mucho, porque pensé que alguien que tenía muchas amantes lo hacía porque no quería tener nada serio así que las iba rotando y además tenía varias a la vez para no pasar con cada una demasiado tiempo.

Dama Blondie

Dama Blondie dice: me estoy corriendo Maestro Látigo  dice: saco la polla de tu coño, la meto en tu boca, la morena te lame el sexo, mete la lengua en tu vagina. Dama Blondie dice: córrete en mi boca, amo, ya déjalo córrete en mi boca, sácatela, fóllame la boca. Maestro Látigo  dice: cuatro manos … Sigue leyendo Dama Blondie

La dama se ofrece

Asteria pasa a ser Dama Dama {Maestro Látigo} dice: me encanta que me pegues, me encanta que descargues el látigo sobre mí, me encanta que tortures mis senos, me encanta que me sueltes una torta y me dejes perpleja para luego embestirme mientras me aprisionas las muñecas y que me claves los dedos, las uñas, … Sigue leyendo La dama se ofrece

En el club

Asteria {mi señor} Entramos en el club. No hay demasiada gente, hemos venido pronto. Tú te diriges a la barra y yo me dispongo a quitarme las bragas y meterlas en el minibolso que llevo. Salgo del aseo donde he desnudado mi sexo y miro la barra. Veo a un hombre que me gusta. Tú. … Sigue leyendo En el club

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