Pareja de ases y una reina

habla Asteria {mi señor}

Mientras fantaseaba con un trío creía que iba a ser muy sencillo por mi disposición previa a consumarlo, mientras lo llevábamos a cabo tampoco tuve dificultades, y ahora me asombra y apenas termino de creer que haya sido capaz. Supongo que todo tiene que ver con ir de la mano de mi Maestro.

C* es morena y de carnes prietas. Nos saludamos afablemente y tras una corta conversación empezó a quitarme la ropa. Acercó su cara a la mía y me rozó los labios, me introdujo la lengua y buscó la mía, mientras me acariciaba con suavidad el cuerpo y el contorno de mis pechos. Tímidamente tanteé su silueta y busqué su trasero. Me entraron ganas de apretarlo y acercarlo a mí, como hago con mi Maestro, es una especie de acción sexual compulsiva. Pero la falta de confianza me impidió realizar gestos bruscos y sólo deslicé las yemas de los dedos por sus caderas y sus nalgas. Busqué sus senos y me desilusionaron un poco. El desafío antigravitatorio se evidenciaba en dos duras y poco mullidas tetas. Me dio un poco de rabia, porque una de las cosas que pretendía era magrear unos pechos naturales, el tamaño importaba bastante menos que la textura. Mientras tanto, el Maestro se había desnudado y empezó a dar órdenes.

Maestro estiró del pelo de C* para que baje. Mientras me chupa un pezón, fue soltando el sostén que llevaba puesto. Ella besó mis pezones y jugueteó en mi pubis. El amo me dio un cachete y ordeno a C* que me quitara las bragas. Orden que obedeció diligentemente.

Nos hizo tumbar en la cama y seguir besándonos y tocándonos. Juntamos las tres lenguas, y yo buscaba su verga con una mano mientras con la otra apretaba con suavidad los muslos de C. Pero mi señor aún no quería mis atenciones y me retiró la mano dirigiéndola al regazo de ella. Le lamí las tetas y ella a mí, seguimos besándonos y dedicándonos la una a la otra hasta que mi señor le ordenó a C* que me lamiera mi sexo. Yo a cuatro patas, ella tumbada boca arriba debajo, al principio un poco dubitativa pero luego con ímpetu, se concentró en proporcionar placer a mi clítoris. Después me lamía el clítoris con un dedo en mi vagina. Al tiempo Maestro se puso de rodillas para ofrecerme su erecta verga, a la altura de mi cabeza, empecé a chupársela, hasta que no pude más y con la polla de mi señor en la boca me corrí en la de C*. Los gemidos, ahogados por su verga, le excitaron aún más si cabe.

Ordenó que se la chupáramos, juntas. Ella por un lado y yo por otro de su polla, lamimos hasta acabar cruzando las lenguas salivosas en su glande. Ella se la metió en la boca y yo lamí su base camino a sus testículos.  Jugábamos dos juegos diferentes. Yo trabajaba con la lengua, masajeando la verga de mi señor, y ella trabajaba como Garganta Profunda. Nos iba alternando, me la metía en la boca, y yo recorría cada milímetro de su piel, se la sacaba, la metía en la boca de C y empujaba su cabeza sin que ella pronunciara un sonido de queja, metiéndosela hasta la campanilla. Disfrutaba con ello.

Maestro decidió cambiar de juego. Me puso a cuatro patas y me penetró por detrás. C se puso delante de mí, lamiéndome, y acariciando mis pechos suavemente. La dije que no tuviera reparos, que no era pieza delicada. Ella se lo tomó en serio y comenzó a pellizcar mientras me susurraba “¿te gusta así?”, presionando cada vez más fuerte. Al mismo tiempo, Maestro cada vez con más ímpetu entraba y salía de mí, palmeándome las nalgas y la espalda, agarrándome las caderas firmemente, hasta que se vertió dentro de mí, gritando.

Al terminar, no paramos. C* se metió entre mis piernas, yo le chupaba la polla a mi señor y él masturbaba a C* que temblaba de placer.

El Maestro nos hizo arrodillarnos a ambas en paralelo para darnos latigazos. Nos azotó y luego nos pegó con la polla en la cara. Nos puso de rodillas en la misma orientación. Empezó a follarme por detrás mientras le metía el consolador a C*, después empieza a sodomizarla mientras me daba latigazos a mí. Después, de rodillas nos besamos los tres, mezclando nuestras lenguas en un lujurioso beso.

Nos tocábamos el uno al otro, pechos, verga, sexos. Yo buscaba las gónadas de mi amo pues sé lo mucho que le gusta. Amo sodomizó a C y, luego, volvimos a proporcionarle sexo oral a dúo. Con nuestras caras a la misma altura intentábamos hacernos hueco, a veces solapando las lenguas alrededor de su verga, pero era difícil la sincronización y finalmente me hice cargo tomando la polla de nuestro señor para llevarla de su boca a la mía. Alternaba de una a otra, con el mismo juego que la vez anterior. Cuando ella la engullía yo me agachaba un poco para dedicarme a sus testículos y a la base de su verga. Cuando me la metía en la boca, yo jugaba con su glande y el frenillo, lamiendo como helado, chupando como caramelo, exprimiendo todo el sabor, saciando mi sed de Él.

Posteriormente C se dejó follar la boca mientras yo le acariciaba los huevos, hasta que mi amo se corrió en su garganta. Esta vez en silencio. Acto seguido me ordenó tumbarme, y ambos me acariciaron el pecho, hasta que el Maestro bajó su cabeza a mi sexo y me comió el coño. C* sacaba la lengua para rozarla con la mía hasta que con la destreza que le caracteriza, mi maestro me llevó al orgasmo de nuevo. Y descansamos, conversando.

Maestro y yo volvimos a casa, y nos dedicamos el uno al otro el resto del día, como si lleváramos sin practicar sexo durante semanas, en nuestra intimidad.

Asteria
Arkadia
Kajira
Holandesa
Nina
Luna
Dulce
Chispita
Sibari

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