Atando a mi esclava

Te voy atando manos y pies. Tienes los ojos cerrados, un anticipo, gozas del roce de mis dedos en muñecas y tobillos mientras te amarro. Me gusta ser considerado antes de la tempestad. Sigues sonriendo, sientes el primer tirón, cuando empiezo a fijar los extremos de las ligaduras al somier. Acerco mi cabeza a la tuya. Frunces los labios porque piensas que te besaré. No es así, te vendo los ojos. Atada, sin ver ni oír porque permanezco en silencio para que centres toda tu atención en el tacto. Te pasas rápidamente la lengua por los labios. Expectación: no sabes qué haré contigo. Te miro y pareces saberlo. Adivino que piensas en las imperfecciones de tu cuerpo,  luchas contra el deseo de encogerte, de esconderte, sabes que no debes, además las ligaduras te lo impiden. Me acerco mucho a ti para que notes mi aliento, mis labios casi rozan tu vientre, tu pecho, tus brazos, tus piernas, tu sexo. Casi. 

Me levanto, te quedas inquieta, sin ver pero puedes oírme moverme. Tomo un hielo y regreso a la alcoba. Dejo caer de él dos frías gotas de agua en tus labios, un beso helado y húmedo. Caen más gotas, la hago bajar por la garganta. Apoyo el cubito y con él rodeo tus senos, suspiras. Lo deslizo por tu estómago. Rodeo tu monte de Venus, lo paseo por el interior de tus muslos. Noto tu piel erizándose de deseo, empiezas a respirar por la boca.

Sonrío y te ordeno que me quites el pantalón, para lo que me acerco a tu mano atada, apretándome contra ella. Desabrochas el botón de la bragueta, los pantalones resbalan al suelo por el peso de las cosas que llevo en los bolsillos. Tu mano tantea mis nalgas liberadas.  Estoy excitado y te lo hago saber paseando mi verga dura por tu cuerpo, la subo hasta tus labios, los rozo con ella, los abres invitándome a entrar. Tomo tu cabeza, la empujo hacia mí, te lleno la boca con mi polla ardiente, la hago oscilar dentro de ti. Encojes los labios para rozarme con ellos. Durante un instante te echas para atrás para evitar que llegue a tu garganta. Me lames el sexo, lo succionas.  Lo saco de tu boca y lo bajo hasta tus tetas, aprisionándolo entre ellas, que aprieto y magreo con mis manos. Te hablo: solo existimos tú y yo y el ahora. Estás inerme a la espera de lo que decida hacer contigo, algo que ignoras e irás descubriendo.

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