Átame, mi señor

Asteria {mi señor}

Me vas atando las vendas a manos y pies. El tacto es agradable. Me gusta cerrar los ojos para sentir tus dedos rozándome suavemente las muñecas y los tobillos. Sonrío, y me dices que no te hacen falta barrotes. Yo no pensaba en eso, sino en lo considerado que te vuelves justo antes de la tempestad. Pero sigo sonriendo y afirmo con la cabeza, y siento un primer tirón. Estás atando las vendas al somier. Luego acercas tu cabeza a la mía, y creo que me vas a besar. Craso error, en vez de eso, me vendas los ojos. Pero yo me humedezco los labios con la lengua, simulando que han tocado los tuyos.

Centro mi atención en el tacto, para intuir qué haces conmigo. Silencio. Sé que me miras. Y pienso en las imperfecciones de mi cuerpo, y lucho contra el deseo de encogerme, de esconderme, pues ni puedo ni debo. Hum, noto tu aliento, estás muy cerca de mí, tanto que casi puedo sentir tus labios en mi vientre, en mi pecho, en mis brazos, en mis piernas, en mi sexo. Casi. Estoy convencida de que mi piel intenta acercarse a ti, aunque yo permanezca inmóvil. Te levantas y te oigo trastear lejos. No pregunto, espero con incertidumbre. Se ha ido, y yo aquí atada, vendada. ¿Qué estará haciendo? Creo que vuelve. Hummm… noto cómo me caen dos frías gotas de agua en los labios, qué sensación tan placentera, como un beso helado y húmedo. Caen más gotas. Las noto en la garganta, y te he oído decir, “no, mejor ahí no” ¿Dónde estaría pensando mi dueño? A saber. Ahora noto el frío con más intensidad, estás apoyando un cubito de hielo en mis senos, rodeándolos y no puedo evitar que se me escape un suspiro. Deslizas el cubito que se derrite por mi estómago. Rodea el sexo y pasea por el interior de mis muslos.

Me ahoga el deseo y me contraigo, respirando por la boca. No he podido evitarlo. ¿Estarás sonriendo? Me dices: “quítame el pantalón”. Y siento cómo aprietas tu cuerpo sobre mi mano derecha. ¿Atada, sin mirar, con una sola mano?, pero tú me ayudas. Desabrocho con mi torpeza característica el botón de tu bragueta, y con tus manos me guías para que baje la cremallera. Busco tus nalgas y bajo el pantalón. Tú haces el resto, con presteza, e imagino, con impaciencia. Estás muy excitado, y lo sé porque he empezado a notar tu miembro duro pasear por mi cuerpo, ascendiendo hasta mis labios, que abro, para que entres en mí. Tomas mi cabeza, y la empujas hacia ti, llenándome la boca con tu verga, que haces oscilar. Encojo los labios para rozarte con ellos y evitar el tacto con mis dientes, ¡cuidado! Casi llegas a mi garganta, asfixiándome. Déjame que te lama, que te succione. No me dejas. Lo que haces es salir de mi boca para bajar a mi pecho. Noto cómo aprisionas tu sexo entre mis pechos, mientras me dices: “piensa en lo que hacemos juntos, olvida el mundo, y vuelva conmigo. Te deseo”. ¿Qué mundo? Me pregunto en silencio, ¿qué mundo, si solo existimos tú y yo, y el ahora? ¿Acaso hay algo alrededor, además de esta cama, estas vendas, y nuestros cuerpos? Para mí solo estás tú y lo que tú decidas hacer conmigo, cosa que ignoro, y que deseo ir descubriendo paulatinamente.












Deseos

Asteria Esclava: Oh, mi amo, deseo que hagas de mí lo que quieras, espero ansiosa el día en que te vea, todos los días hago el rito y todos los días me pondré en el cuello el collar de posesión que me adjudiques. Soy tu esclava y haré cuanto desees, eres quien dispone. Mi cuerpo…

Esclavizada…

Asteria {mi señor} Primera, chirrían las ruedas. Segunda para acelerar y adelantar al pasmado del Ibiza azul. Tercera cuando dejo al coche atrás y cuarta cuando la noche es mía. Acelera que el semáforo está en ámbar, frena, porque suena el teléfono móvil. Paro en un rincón. ‘Estoy solo’. ¿Y enfadado? No quiero llorar más.…

Esperando la cita

Arkadia {mi señor}:     Aaaaaaaaaaa lámeme, penétrame, pégame o lo que te de la gana, quiero estallar!!! Aprieta, mi señor, fuerte.  Mmmmmmmm ese placer nubla cualquier pensamiento, no tengo esa capacidad ya.  Soy tuya, siento que lo soy hasta el último poro de mi piel. Me tienes, mi señor. Me posees, me enamoras, me apasionas. Mi boca…

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