Días

Arkadia

Miércoles

Es complicado escribir, describir, estos días vividos. Me aterroriza la idea de que las palabras se queden en un mero relato que cuenta una experiencia. Es más que eso, han sido unos días de una profundidad inabarcable, necesario digerirlos con calma, recordando, reviviendo, disfrutando lo vivido y proyectando el futuro.

Como me gustan los símiles diré que se parece a la construcción de una catedral. Durante algo más de un año hemos cavado y asentado los cimientos mediante correos, conversaciones y encuentros que se nos antojaban cortos. En estos días juntos he sentido que hemos comprobado que los cimientos son de la calidad que deseábamos y que son sólidos, firmes para empezar a construir en ellos. Nuestra catedral, nuestra religión. Nuestra construcción.

Agradezco a la muchacha que me llevó a la ciudad que no sobrepasase el límite de velocidad y fuese muy prudente en la conducción pero por todas las eras de la Tierra que deseé que fuese a doscientos por hora. Cada cartel marcaba que quedaba menos para estar contigo, 350km para abrazarte, 275km para besarte, 180km para detenernos a mirarnos, 60km para volver a besarnos, 40km para abrir la puerta, 20km para desnudarnos, 10km para acariciar nuestros cuerpos desnudos. Diez metros para que todo comience, cruzar la calle. Y llegabas tan convencido y tan directo que no me escuchaste hasta la tercera voz.

Al fin entre tus brazos, los que me dan la vida. Al fin tus labios, los que me llenan de pasión. Al fin tus ojos, los que me embriagan de ilusión. Otra vez caminando juntos, otra vez con una sonrisa de oreja a oreja. Tu mano cálida, acogedora, fuerte, deseable. Mi mundo, mi pillo bromista. Un buen intento el de querer asustarme con la desprogramación de la primera noche, compruebas que soy inocente pero no tontaina.

Abres la puerta del patio y mi fijación es tu cuello y tu cintura. El ascensor, cuatro plantas, ¡genial! Besos… llenos de deseo, de precipitación, de anticipación. Sonrisas que abren el cuerpo antes que la puerta. El largo pasillo me impacienta en un primer momento y en el resto de veces que lo hemos recorrido. La pasión hierve y el deseo acucia.

Clara intención la nuestra, hacer realidad el potente deseo de gozarnos en cuerpo y alma, de bebernos, de saciar la insufrible impaciencia que nos devora para seguir después disfrutándonos con calma. Muero por desabrocharte la camisa, a cada botón más carne disponible para contemplar tu pecho alucinada y sentir que es para mí. Arrodillada para continuar con el resto de tus ropajes, fuera mi camisa, fuera mi sujetador. Tú libre, erecto, delicioso a mi paladar. Por fin mis labios atrapan tu verga y mi lengua puede recorrer tu tallo y tu glande, no sabes cuántas veces pienso en comértela a lo largo de cada día. Te fascina cómo te como y te encanta que lo desee tanto. Yo sigo a medio vestir y me tumbo en el suelo alzando las piernas para que termines de despojarme. Bienvenido el incumplimiento de mi petición unos días antes, porque empezar a amarnos en el suelo a medio camino del sofá ha resultado inmejorable.

Verte penetrándome es en extremo excitante, sentirte dentro de mí es puro placer. Tus manos en mi cuerpo acariciándome, agarrándome las manos, las muñecas… Haciéndome disfrutar como siempre pero como nunca, un orgasmo tras otro con los que exhalo mi pasión por ti y mi entrega a ti. Y te hace crecerte hasta voltearme, azotarme las nalgas y embestirme con mi largo pelo en tu mano para disfrutar y hacer que me corra una y otra vez con tu pasión, con tu deseo de mí, con tu potencia, con tu fuerza, con todo tu amor.

Es la manifestación de lo increíble, aquello que parece imposible no lo es, existes, estás y me eliges. Eres bello allá por donde se te mire y donde la vista no alcanza pero mi mirada sí. Eres supremo y tengo el privilegio de conocerte, de seguirte, de vivirte, de entregarme a ti, mi dueño, mi hombre, mi guía. MI señor.

Tuya

Asteria{esclava de mi señor}Oh, mi señor, deseo que hagas de mí lo que quieras, espero ansiosa el día en que te vea, todos los días hago el rito y todos los días me pongo en el cuello el collar de posesión que me adjudicaste. Soy tu esclava y haré cuanto desees, eres quien dispone. Mi…

Atando a mi esclava

Te voy atando manos y pies. Tienes los ojos cerrados, un anticipo, gozas del roce de mis dedos en muñecas y tobillos mientras te amarro. Me gusta ser considerado antes de la tempestad. Sigues sonriendo, sientes el primer tirón, cuando empiezo a fijar los extremos de las ligaduras al somier. Acerco mi cabeza a la…

La dama Asteria

Dama {Maestro Látigo}  Maestro, elige un sitio, te excito pero te lo digo para hacerlo, no sólo para excitarte. Pues ahora imagina esa sensación en un lugar público con mis labios, mi boca. Tú de pie o sentado, como desees, yo de rodillas, ambos en silencio y el hilo musical o el ruido del tráfico,…

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