Apuntes de diarios de sumisas

Historia de Sibari

Ayer le conocí.

Es diferente a cualquier hombre que he que conocido. Tiene tanta experiencia en todo. Ha vivido tanto en tantos sitios en tantas circunstancias.

No estoy a su altura. Mi boca seguro que alguna vez estaba abierta, de todo lo que me contaba. Yo lo único que puedo hacer es escuchar. Mis experiencias vividas no son nada, ni una milésima parte de las suyas.

Tiene tanto que enseñarme.

En cuanto al contacto físico, era la primera vez que me ataban, que me vendaban los ojos, que estaba a total disposición de un hombre. Entregándome a ÉL, sin preguntas, sin yo tomar la iniciativa, con ese mi silencio a la espera de que él tomara mi cuerpo como quisiera, como desease.

Se portó de una manera demasiado “amable” a la que está acostumbrado, seguro, y también de lo que yo me esperaba. No sé si porque soy inexperta y no quería asustarme en esa primera sesión o porque realmente no le apetecía.

Fue una experiencia maravillosa. En el metro iba con una sonrisa de oreja a oreja. Contenta, satisfecha.

Me ordenó en uno de los correos que fuera mi único señor. Yo deseo que sea mi señor y cuando realmente llegue el momento de aceptar mi condición de sumisa suya será para entregarme a él en cuerpo y alma, sin ninguna duda y si él lo desea y  para abandonarme por completo y pasar a ser su esclava. Corro el riesgo de que él no acepte.

Historia de Luna 

Una noche mágica…

     Fue un día repleto de problemas y más obstáculos para llegar hasta él, pero lo conseguí, ¡subí a ese tren por los pelos!

    Cuándo recibí su mensaje “estoy en la vía 8”, quedé en estado de shock, del cuál no sé si salí hasta que he regresado a mi casa. Ansiaba tanto ese día, que al final, resultó que no me hice a la idea que no era un sueño (seguía flotando en las nubes), y sin embargo, cuando debí soñar a su lado, me resistía a la idea de pedir un segundo de disfrutar su presencia, de velar sus sueños…

     Cuando por fin me hizo señales y le vi, uffff, me entró una especie de parálisis en mis piernas, tuve la necesidad de respirar hondo y coger impulso para seguir caminando. No creí que yo fuera a reaccionar así, deseaba besarle, abrazarle, y simplemente, le dí dos besos. Creo que lo notó en mi mirada, mi deseo, pero el haberme paralizado de esa forma, me pareció verlo en sus ojos, o me encantaría que así lo hubiera interpretado.

     En el taxi, no sabía si, tocarle, si cogerle, al fín, sentí su mano… pensaba y quería decirle: estoy aquí mi señor, soy sólo suya, y por ello he venido, deseo que disfrute de esa hora que me pidió, “hechos son amores”. MI señor me llevó a un restaurante peculiar por su decoración al menos. Confieso que la cerveza se me subió y no atinaba a terminar una frase inteligente, pero disfruté de su conversación, necesitaba que Él no parara de hablarme, explicarme, tiene mucho por enseñar y yo deseo ser su alumna.

     Hoy pienso porqué con él tenía esa necesidad de ser dominada cómo nunca, antes no me había ocurrido.

    Recuerdo sus manos sobre mi cuerpo, acariciándolo a su antojo, recuerdo cómo me observaba detenidamente y cómo yo disfrutaba con ello. Esas manos que han sido las primeras en encontrar mi punto G, o la única persona que ha sabido tocarlo, note su presión sobre él, ¿cómo supo que era mi punto de gusto? 

      Al día siguiente, me habría encantado habernos hecho una foto de recuerdo, haberle enseñado mi luna, haber visto el anillo.

Historia de Dulce

Hola, mi señor, ya estoy más tranquila.

Me puse nerviosa, y he intentado sosegarme. Mi hija no está en casa, se fue de cumpleaños, y tampoco está mi novio. Como estoy sola, he repetido experiencia. Total, ya estaba mi ánimo de pena, pues qué más da.

Resultado: mejor del esperado. He conseguido sentir cosas diferentes, aunque sólo por un momento. Además, logré ponerme más en situación, y había sido peor la sensación previa que la que luego experimenté. En realidad fue un ejercicio como de “prepararse para la sorpresa”. Por un instante la piel de mi abdomen latía como a punto de estallar, como si estuviese totalmente tensa (la piel y yo). Si en ese momento me toca alguien, saltaría hasta engancharme a la lámpara. Por suerte no había por ahí ningún amo maquiavelo.

Mi señor, si te ríes de mí, dímelo. Prefiero saberlo. Dices poco de lo que piensas y por eso me siento más asustada. Eres desconocido para mí. Ni siquiera sé si estoy hablando con un sádico extremo, que todo podría ser. El espacio me protege, pero ya estoy consiguiendo abstraerme en algún momento, y cuando la mente vuela y pienso que puedes estar ahí como una sombra, me da mucho miedo. Creo que para mí encarnas el lado oscuro, como en la película. Sin embargo, tengo sentimientos contradictorios. Pese a lo dicho anteriormente no puedo dejar de agradecerte la paciencia. Estás ahí. Me inspiras también esa sensación indescriptible de agradecimiento. Por eso te pido especialmente que si te hago enfadar me lo hagas saber. Te prometo que hago lo posible, y esto te lo digo muy en serio, por encima de muchas, muchas cosas.

 Gracias por escuchar mis dudas y miedos, no sé si otras chicas las expresan o se las guardan. Cuéntame si está muy mal lo que hago. Dulce

3 comentarios sobre “Apuntes de diarios de sumisas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s