Gabriele D’Annunzio
| Han existido mujeres serenas de ojos claros, infinitas y silenciosas como esa llanura que atraviesa un río de agua pura. Han existido mujeres con visos de oro, rivales del estío y del fuego, semejantes a trigales lascivos que no hieren la hoz con sus dientes pero arden por dentro con fuego sideral ante el cielo despojado. Han existido mujeres tan leves que una sola palabra, una sola, las convirtió en esclavas. Y existieron otras, de manos rojizas, que al tocar una frente suavemente disiparon ideas terribles. Y otras cuyas manos exangües y elásticas, con giros lentos aparentaban insinuarse creando una urdimbre rara y fina en que las venas simulaban hilos de vibración ultramarina. Mujeres pálidas, marchitas, devastadas, ardidas en el fuego amoroso hasta lo más profundo de sí mismas, consumido el rostro ardiente, con la nariz agitada por el impulso de inquietas aletas, con los labios abiertos como yendo hacia las palabras pronunciadas, con los párpados lívidos como las corolas de las violetas. Y todavía han existido otras y, maravillosamente, yo las he conocido. |
Asteria se ofrece
Me vas atando las vendas a manos y pies. El tacto es agradable. Me gusta cerrar los ojos para sentir tus dedos rozándome suavemente las muñecas y los tobillos. Sonrío, y me dices que no te hacen falta barrotes. Yo no pensaba en eso, sino en lo considerado que te vuelves justo antes de la…
Esperando
Esclava de mi señor VIERNES ( Recuerdos) Despierto con la voz de mi Señor… Buenos días mi niña, arriba te quiero lista, tu Sr desea usarte… Escucho sus pasos alejarse, me tiembla el pensamiento mientras voy abriendo los ojos, me levanto abro el cajón de la mesita y cojo ropa interior clara, es la preferida…
La entrega de Asteria
Me vas atando las vendas a manos y pies. El tacto es agradable. Me gusta cerrar los ojos para sentir tus dedos rozándome suavemente las muñecas y los tobillos. Sonrío, y me dices que no te hacen falta barrotes. Yo no pensaba en eso, sino en lo considerado que te vuelves justo antes de la…
