antes de ser Maestro Látigo -Ya me acuerdo, arranca. Helena se cala las gafas y pone en marcha el coche. Trata al automóvil con cariño, suponiendo vida en todo cuanto la rodea. Muchas horas después, la imagen cotidiana, asquerosamente cotidiana, de un perro aplastado en la carretera la hará llorar en silencio; esas lágrimas azules … Sigue leyendo La ermita y Helena

