Instrucciones para Arkadia

Arkadia

Cuando me preguntas si estoy sola me excitas automáticamente y haces que me invada la impaciencia. Los minutos parecen horas cuando espero tus palabras. Te leo, te obedezco.

Voy a mi mesita de noche, cojo las esposas y me las pongo. Te escribo y miro el teléfono, sentada al borde de la cama, expectante. Impaciente me tumbo móvil en mano. Lo siguiente es coger el lubricante. Las manos unidas, las manos ocupadas, desnuda voy picarona a la silla del ordenador.

Alzo las piernas, queda expuesta mi intimidad y deseo tu cuerpo entre mis piernas para quitarme la vergüenza del desnudo. Imaginar el calor que desprendes hace que te ansíe, mientras tanto tengo tus mensajes que me ordenan lubricar mis pechos. La brisa que entra por la ventana quiere llevarse mi calor pero es imposible, me calienta más su paso por mis tetas ensalzando la sensación del lubricante. Deseas verme y encantada te mando una foto, queriendo gustarte, queriendo que me lleven bien dentro de ti.

Sigo tus instrucciones lubricando mi dedo. Me divierte tu siguiente mensaje, parece escrito por un extranjero. Acaricio mi ano, le doy golpecitos con el dedo, me gusta sentir ese plaf, plaf. Presiono y lo hundo en mí hasta la segunda falange, luego más dentro, todo el dedo, y lo voy sacando lentamente hasta la mitad cuando de golpe termina de salir para de nuevo, entrar esta vez sólo la puntita. Caricias y penetraciones se suceden soñando que son tus manos, soñando que estás entre mis piernas. Que gozo contigo, para ti, por tu causa.

Coincidimos en el pensamiento cuando me dices que me piensas sodomizándome a la vez que me miras. Son momentos en los que me cosquillea el estómago y me siento llena y necesitada de compartirte mi plenitud. Acuden tus palabras a mi deseo excitado, brindándome exactamente aquello que estaba pensando, cuando te leo magrearme los pechos mis manos estaban en ese preciso lugar por un momento. Me haces recordar el gusto que me provoca tener tu cara entre mis rodillas. Mis manos se aceleran, la derecha se jacta con mi culo, la izquierda presiona el clítoris y tienta la vagina. Lamo mis labios abiertos, mi cuerpo se alza, deseo correrme besando tu boca. Te recuerdo, nos imagino y me derrites de gozo.

Recupero aliento, me siento genial y para que lo veas te mando la imagen de mi cara sonriente y complacida. Me sorprende que me preguntes por cómo me he corrido, entre risas te respondo que por ambos a la vez. Pienso que estoy hecha para gozar y ser gozada, contigo y por ti únicamente.

Me quedo unos minutos recogida en mí, disfrutando de mis sentimientos y sensaciones por ti. Te quiero, me gustas, me excitas, me inspiras y me enseñas. En un momento me vienen a la cabeza algunos «consejos» escuchados en los últimos meses: no vuelvas a atarte, fóllate a todos, disfruta la vida, ese está libre, yo estoy libre… Y me da la risa, solo tú me entiendes y me das lo que quiero y lo que necesito.

Voy a lavarme las manos, también le doy un repaso con la toalla húmeda al teléfono. Me tumbo en la cama y me dices que me vaya a la cama. De veras, ¿has puesto alguna cámara en mi casa o qué? Me pongo boca abajo, con el culo en pompa y la almohada debajo mía. Mi boca se abre, la respiración es profunda, mis dedos también profundizan. De la calma al paroxismo en un minuto, repito tu nombre una y otra vez, mi aliento es para ti. Mis caderas suben y bajan y mi mano no tiene más remedio que intentar seguir el ritmo, a duras penas lo consigo y no tardo en volver a correrme. Me quedo inerme unos segundos y froto mi sexo en la mano a modo de premio.

Te escribo manteniendo la posición, apretando con mis rodillas el almohadón. Adoro rozarme en ti y que me acaricies.

Soy tuya

Arkadia {mi señor]:  me quiero tuya. Diosa, sacerdotisa y la más humilde feligresa. Fiel tuya. ¿Normas, límites? Yo no pongo ninguno. Suspiro. De postre quiero TÚ. Muá. Pues como único plato, mi cuerpo. A guardar el resto de la vajilla. Quiero que comas de mí y sobre mí… Arf  De todo tu ser soy, y…

Te obedezco

Arkadia {mi señor} Soy de la opinión que las historias que cuentan los libros deben sentirse porque de esta forma se convierten en experiencias que aunque imaginadas, te hacen sentir y aprender. Si al leer un libro no me traslado a su mundo, lo mismo da que lea una historia o un libro de cuentas.…

El deseo de mi esclava

ESCLAVA Arkadia: Cómo deseo estar entre tus brazos y bajo tu mirada y que me beses, que me roces y me poseas. Grrrr.  Ya queda menos para estar otra vez como hay que estar 🙂  Sí, deseando que así sea. Una ducha tú y yo, un paseo largo que se interrumpe apoyados en cualquier árbol……

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