Loverman

Arkadia

Caía la noche y me encontraba frente al ordenador, a la vez que escribía mantenía conversaciones esporádicas con unos cuantos conocidos a través de internet. Estaba tranquila y a mi rollo cuando comienzo a escuchar una música, sonrío porque esa canción me gusta mucho pero al instante me quedo paralizada: “He’s shouting your name and he’s asking for more. There’s a devil waiting outside your door”, ¡Leches, es el teléfono! Lo miro, la canción ha avanzado “I’m your loverman! Cause I am what I am what I am what I am”… Una letra muy oportuna, vaya. ¿Qué narices hago pensando en qué hacer? ¡Cógelo insensata!. “L is for love, baby”, touché.

Me pongo en pie, cojo el teléfono, ando por la casa, me quedo quieta mirando por el balcón, vuelvo a andar, me siento. La conversación sigue su curso, cruzo las piernas, las descruzo, veo el cordón del pantalón y empiezo a jugar con las cuentas que tiene. Ahora estoy más tranquila, más cómoda, sentada contando cuentas como si tuviese un rosario entre las manos ¡ni que fuese una beata!

-No me gusta mojarme -. Dije cuando hablábamos de lluvia.

-Tomo nota -. Contestó.

“¡Porras!… soy una bocazas…”.

Durante aquellos minutos el mundo dejó de ser mundo para dejar que yo fuese yo misma; tímida, temerosa e insegura. Cristina, la niña inocente al descubierto; Arkadia, el férreo alter ego por los suelos. Tantos años que me costó criar a Arkadia, tanto empeño puse que pocas veces recuerdo ya a C. Tengo diversos avatares, Arkadia es una buena cazadora, Carís es la infantería que protege a sus aliados, Lolita es quien sana las heridas; todo esto mientras mi yo, C., sigue en sus trece, no porque sea cabezona que también, sino que sigue en sus años aunque se nutre de todas las anteriores.

Pero al finalizar la llamada me quedó muy clara una cosa, da igual quien sea o pretenda ser, no tengo escapatoria. Porque mi señor se ríe de los nombres, porque al final mi cuerpo es uno y es suyo.

Su voz tierna, sensual y divertida me cameló, la perspectiva del encuentro me ha hecho enloquecer de júbilo. Paso los días atontada, ensimismada, excitada, esperando la próxima llamada, el primer encuentro.

La silla de Arkadia

Me sentía frágil, con miedo y con mucha vergüenza. Estaba sollozando. Estaba en una habitación en la que no había mueble alguno, las paredes eran blancas al igual que la luz que me deslumbraba, era una habitación desnuda, tan desnuda como me encontraba yo. De pronto escuché unos pasos que se acercaban, una puerta se…

Arkadia apasionada

Escribe Arkadia {mi señor} ARKADIA {MI SEÑOR}:    Pero si admites una aprendiza… Da igual cuánto mida tu correa si me llevas tú. Puede medir diez centímetros y sé que llegaré donde quiera, contigo. Así eres, así soy y así somos. Esto es plenitud. Un rechupeteo a tu glande. Joder, qué ganas de que me tengas…

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