El Lago de Anna

Vamos por la carretera, en un coche descapotable que ella ha conseguido. En el aparato de música suena rock duro. Y mis manos vuelan sobre su cuerpo mientras conduce. Magreo sus senos, amaso sus caderas y bajo a su entrepierna. Sonríe. No deja de acelerar.

Cuando llegamos a ese idílico lugar, hablo con el dueño de una casa que nos alquilan. Le pago, me la enseña y me da las llaves. Al verla me he fijado en las vigas de madera que hay bajo el techo y pienso en las cuerdas que tengo en la mochila, junto al látigo, las esposas y algunos juguetes más que deseo emplear con ella.

La puerta se abre y entra con su equipaje, ha dejado el vehículo frente a al puerta con una habilidad conduciendo de la que carezco.

Cierro la puerta a sus espaldas y la arrastro al lecho. Luego vendrá la parsimonia, el sexo sofisticado, ahora sólo queremos follar como animales. Siempre nos ocurre lo mismo. Quedarnos solos y arrojarnos uno sobre otro. Más tarde, deliciosas horas de sexo entregado y pleno. Ahora la penetro cuando el arrendatario todavía está metiéndose en su coche. Nos extasiamos a la par, al terminar la sigo acariciando y me pongo a cantar. Lo hago fatal pero me gusta. Ella me gusta más, por dentro, por fuera. Es adorable y es mía por su voluntad soberana.

Salimos a dar un paseo alrededor del lago. Localizamos un chiringuito donde tomamos algo y escuchamos a las camareras. Un gato se acerca a nosotros y jugamos con él. Conozco la afición por el agua de Arkadia. Pero me dice que no en ese lago, luego iremos, me llevará, a un río helado.

Volvemos a la casa. Pongo en la televisión fotos de ella que van pasando en carrusel. Estamos en el sofá. Nuestras manos recorren nuestros cuerpos. Arkadia no hace ni caso a la pantalla. A mí me fascina tenerla al lado y verla en las imágenes. Me pongo de pie, ella lame mi verga. En el último momento decido sacarla, me cuesta un esfuerzo de voluntad, deseo correrme en su hermoso rostro mientras me mira. Mi semen resbala por su faz mientras llevo mis huevos a su boca para que aumente mi placer.

Deseo

Lanzo una cuerda por encima de las vigas. Ato a ella las muñequeras y se las pongo a Arkadia, tiro de la soga y Arkadia queda desnuda con los brazos en alto, atada a la cuerda de las vigas. La contemplo largamente. Coloco la mordaza en su boca y un plug lo inserto en su culo. Voy recorriendo su cuerpo suavemente, boca y manos. Me detengo para buscar el látigo. La azoto una y otra vez, la mordaza apenas la deja escapar suspiros de placer y quejidos. la masturbo, las piernas le fallan , no se viene al suelo por estar atada al techo. Separo sus muslos, los palmeo, azoto su sexo y entonces la penetro. Despacio primero, para que sienta cada centímetro. Luego la agarro por los pechos desde atrás y la follo salvajemente. Pellizco sus pezones, muerdo su cuello. Sus brazos atados a la viga se estiran con mis embestidas. Suda, suspira, murmura. Saco el dildo de su culo y meto un dedo buscando el tacto de mi polla en su coño, separado por un fino tabique de su carne. Grita enloquecida: «Más, dame más, mi señor, pégame, hazme lo que quieras». La oigo incluso con la mordaza puesta.

Tras la sesión, vamos al río. Frío y poco profundo. Ella se introduce en el agua y nada despacio, cuidando de no arañarse con las piedras del fondo. Disfruto mirándola, su carne que volverá a ser mía, su mirada pícara, sus formas de hembra real. La fotografío. Sonríe. Sus ojos me invitan a entrar. Y volví a entrar en ella, una y otra vez, por todas partes, noches de pasión siguieron a tardes perversas y mañanas de risas y mimos.

Unidos

Arkadia {mi señor} Una cena ligera en la mesita del sofá, un solo tenedor. Las luces apagadas, incluso el led del televisor, unas pocas velas encendidas. Vestidos con camisetas grandes, braguitas y calzones. Y un fular. Darnos de cenar tranquilos, jugando a ver quién es más pillo. Mirarnos a los ojos y querer hacerlo cuando … Sigue leyendo Unidos

Hazme lo que quieras, mi señor

Soy afortunado por poseer a Arkadia en cuerpo y mente. No tiene más límites que mi imaginación. Es hermosa, inteligente y abierta de forma completa a mis deseos, los más sublimes y los más perversos. Cuando superemos la relación amo-esclava seguiremos siendo amigos íntimos. Es una mujer excepcional a orillas del mar Mediterráneo, un oriente … Sigue leyendo Hazme lo que quieras, mi señor

Fue ese día

Arkadia {mi señor} ¿Qué puedo decir, mi señor, del día de ayer? Las palabras se me quedan cortas y vacuas para describir cada momento. Podría empezar diciendo que al levantarme por la mañana estaba inusitadamente tranquila hasta que aparqué el coche al lado del hotel, “¡Venga muchacha, adelante!” me dije para animarme a caminar. No … Sigue leyendo Fue ese día

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