Despertar de Arkadia

Jueves

Es lindo despertar ya pensándote. Delicioso. Mientras todavía estoy estirada en la cama, con el calor que desprende el cuerpo y que las mantas retienen. Ver nacer un nuevo día, luminoso, y al abrir los ojos imaginarme dándote un beso cargado de amor. Es, simplemente, delicioso.

Olerte y tener el impulso de acariciarte detrás de la oreja, pasear mis dedos por tu cuello y por la curva de tu hombro. Deslizar la otra mano, abierta, por tu pecho y entretenerme rozándote los pezones. Me muero de ganas por besarte. Aún dormido te estremeces por mis caricias, son tan suaves y placenteras como tu sueño. Ahora que me tienes a tu lado duermes más tranquilo.

Aquella mano que te acaricia el cuello se esconde tras tu nuca, se escurre suavemente pero te sujeta con firmeza. La mano que antes descubría tu pecho ahora acaricia tu costado, recorre despacio un camino cuesta abajo y se aprovecha de la carne de tus caderas para granjearse con un leve apretón de buenos días. Abres los ojos con un suspiro y me ves concentrada en tu cuerpo, te miro.

Te encuentras feliz, no dices nada pero tus ojos son unos chivatos que lo gritan. Te beso con tanto amor que te inundo con más felicidad, ahora la mía. Te encanta, mi señor. Puedo además comprobarlo cuando te acaricio el pubis, tu sexo erecto se encuentra con mi mano. Lo acaricio, su suavidad es tan llevadera…

Tu dominio pesa sobre mí y sin embargo llevo la iniciativa, no hace falta que te dirijas a tu sierva, hago para ti. Presiono un poco tu nuca, no te escapas, me muero de deseo, me muero por besar esos labios tuyos que piden ser besados. No tengo más mundo que tú, en esos momentos no vivo para otra cosa que no sea sentirte plenamente y hacerte sentir. Cada caricia, cada roce, cada beso que te doy o que me das es mi razón para vivir. Y serán también la razón de mi sonrisa al morir. El deseo y la excitación me suben encima tuyo sin dejar de besarte, tus labios me acaparan. Esos labios.

Piensas que voy a montarte pero yo sigo besándote los morros, los ojos, las mejillas. Tu cuerpo arde y el mío busca ese calor, tenerte entre las piernas es un regalo, rozarte con mis muslos es estimulante, mi vientre pegado al tuyo y mis tetas que se acomodan en tu pecho. Acaricias mi espalda pero tu meta son mis voluptuosas caderas. Te muerdo el cuello y te lo curo con más besos, te acaricio el pecho con mi nariz y te agasajo con delicadas lamidas. Te deleito con más besos y caricias haciendo ruta hasta la frontera de tu vientre, el calor de tu miembro atrae mi mejilla, que lo ronda, y mis labios, que lo besan.

Tus manos reclaman mi rostro, quieres mi mirada en tus ojos. Te sonrío porque me nace, porque lo adoras. Te debates por besarme, lo deseas, pero no lo haces. Sucumbes a otro placer al inclinar mi cara en dirección a tu verga. Tu pene es bello y tentador. Mis labios pierden su habitual forma para adquirir otra que todavía te gusta más, mi boca abierta deseosa de recoger tu sexo, con la lengua a la espera de que llegue para llevarte al siguiente estado del placer.

Así despertamos, mi señor.

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