El deseo de la Kajira

Aún retumban en mi cabeza sus palabras: “Sé que estás ahí, dispuesta para mí. Adoro tu entrega. Mía”. Busco la soledad de mi cuarto, desnuda en mi silla, cierro los ojos echando los brazos hacía atrás recordando la sensación de tenerme atada, desnuda, con los ojos cerrados, expuesta ante ti.
Escuchando tus pasos alrededor de mi, intentando adivinar cada movimiento tuyo. Olisqueando como perra en celo para embriagarme de tu olor a macho. Grito tu nombre, pero no me respondes y esa situación tensa de espera, hace que una oleada de humedad invada mi sexo, deseando tu polla tan dentro de mí, imagino tu mirada clavada en mi cuerpo desnudo y eso hace que aún chorree más, excitada pensando en tu presencia tan cercana y lejos a la vez.

Sabes manejar mi deseo a tu antojo y eso me enfurece, pero me vuelve más tu puta perra. Sabes como tenerme caliente sin tocarme. Me revuelvo en la silla ansiosa, dolorida los brazos sin dejar de imaginarte, recordando cada segundo de nuestro último encuentro donde te suplicaba que me azotases más y más y luego te mostraba con orgullo mi culo enrojecido.

Cierro los ojos imaginándote en mi cuerpo, haces que pierda la cabeza, mis pezones se endurecen, comienzo a contraer mis músculos vaginales, completamente empapada. No aguanto más, grito tu nombre entre jadeos y dejo deslizar mi cuerpo al frio suelo, de rodillas inclinada hacia delante, sintiéndome tu perra esclava, recuperando mi respiración poco a poco, quedándome allí tumbada, esperando que mi Amo me recoja entre sus brazos.

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