Un sueño de Ishtar

Escribe Ishtar

 Soñé que tras conocernos me decías que había un sitio libre en donde tú trabajabas, y me lo ofrecías para ser  tu secretaria. Era un trabajo bien pagado en el que aprendería mucho pero con ciertas cláusulas especiales: 

Primera ir siempre con falda y sin bragas (tras negociar un poco conseguí que me dejases llegar a la oficina y quitármelas, para no ir en el transporte público de comando).
Segunda cláusula: De vez en cuando, con algunas personas (muy contadas) tendría que hacerte o bien felaciones frente a ellos o bien recostarme en tus rodillas con la falda levantada para que pudieras darme nalgadas ante ellos, una especie de regalo espectáculo para esas personas, así como una forma de remarcar tu autoridad. También en algunas ocasiones contadas, si estabas hablando sobre tu autoridad o alguna cosa en la que necesitaras demostrar tu dominio, yo tenía que obedecer sin rechistar, incluso si esto implicaba ser excesivamente amable con tu interlocutor.

Mi uniforme consistía en una camisa blanca con algún encaje femenino pero elegante, una falda de tubo, unos buenos tacones, y seguro que todos pensaban que llevaba las típicas pantimedias, sin embargo eran medias con ligueros, pues era la mejor forma de tener mi sexo dispuesto para tu disfrute en cualquier momento. Acompañaba el conjunto con complementos el cabello bien arreglado y una actitud amable y complaciente.

Fue agradable trabajar contigo.

Algunas veces el uniforme incluía un vibrador que yo debía mantener dentro de mí en las reuniones, y debía de poner cara de póker, y la primera vez recibí un gran castigo pues tras la reunión me interrogaste sobre los asuntos sobre los que versaba, y como yo estaba ocupada concentrándome en no gemir frente a todas esas personas no me enteré de nada. Sobra mencionar que ese día me tocó un castigo.

Un día estabas reunido con un hombre, un tipo orondo y calvo, pero por lo visto era una visita importante, yo hacía mi trabajo de siempre estar atenta, tomar nota, ser amable servir las bebidas y ser una especie de pelearía con patas, así como darte los documentos en los que se hablase en la reunión.

Teníamos una señal que me hacías cuando debía de estar preparada para cumplir con alguna de las clausulas especiales del contrato, sinceramente deseaba que me hicieras chupártela o me metieras bolígrafos en el coño para agasajar los ojos de tu interlocutor, era mi parte preferida del trabajo.

-¿Sabes, Julian?, la diferencia entre tu y yo, es que yo entiendo realmente lo que es la autoridad, más allá de la forma habitual de comprenderla, por eso soy el que mejor la puede ejercer en las personas.

Decías esto con esa voz vacilona que pones a veces

-Por ejemplo mira a esta muchacha

Me señalabas con el pulgar

-Puedo hacer que ella obedezca cualquier orden

El hombre se reía y decía: «ya será menos, que te lo tienes muy creído»

Tú te limitabas a sonreír y tu mirada cambiaba,  ya no eras el de siempre eras mi maestro.

-Desnúdate!!

Yo me ponía frente a ti y poco a poco abría los botones de la camisa, de la manera mas sensual que se me ocurría.

-No, mirando hacía él

Me daba la vuelta y continuaba tranquilamente con la misma amabilidad con la que había servido agua.

Julián  estaba flipando

 -Pero que haces chiquilla, tápate, mujer

Yo en respuesta dejaba caer la camisa al suelo, dejando que pudiera ver mi sujetador con transparencias, no me detuve, solo tú podías pararme

-Va a seguir hasta que yo le diga lo contrario

Pude notar la erección de Julián, y aunque soy tuya, mis instintos de hembra se despiertan cuando veo el deseo en los ojos de un hombre.

 Yo me intentaba centrar en verme hermosa para ti, me desabroché la falda e intenté hacer un gesto sensual para bajármela

-Es suficiente puedes volver a tu sitio pero tal cómo estás.

Volví obediente y  mis pezones estaban duros por el frio y la excitación. Julián no dejaba de verme y  se notaba que estaba frustrado por no ver mas

 -Como ves puedo hacer que la gente me obedezca

-Sí, ya veo, pero tampoco es para tanto…

Sabías que te estaba picando, él quería más pero en este punto también sabías que tenías la sartén por el mango.

¿Entonces que? hay trato o no hay trato

-Vamos niña, muéstrale tus pechos al caballero y deja que juegue con ellos 

Sabías que aunque me excitaba no me sentía tan cómoda siendo tocada por un extraño

Yo no lo sabia, pero hoy habías notado que estaba mas excitada de lo habitual, pues viste un par de veces humedad en mi falda que, sin duda, era flujo

– Un poco de diversión sana no le cae mal a nadie

Me sitúe frente a aquel hombre y me quite lentamente el sujetador, acariciando mis pechos libres lujuriosa, en parte por la sensualidad que trae el quitarse un sujetador, y en parte por la gratitud de sentirme mas libre

Puse mis pechos a la altura de su boca, tentándolo con mis curvas, cogió golosamente mi pezón y comenzó a chupar y morder, estaba como poseído chupando mordiendo y estrujando, pese a que seguía confuso. Yo gemía suavemente

-Abre las piernas y levántate la falda quiero ver lo que tu cuerpo siente.
Obedecí, mientras este hombre apretaba y succionaba mis pechos con una violencia animal, al exponer mi sexo ante tus ojos puedes verlo mojado y anhelante.
De pronto, sin previo aviso, el hombre comienza a magrear mis nalgas rápidamente, sus manos abren mis nalgas e intenta introducir sus dedos en mi coño, me aprieta con fuerza. Me pilla desprevenida, me intento resistir pero las ganas de ser violentamente follada me dominan.
 -Basta -dices con una voz muy seria que hasta asusta

Me libero del pulpo avergonzada, me aparto, me siento humillada por él pero sobre todo por mí.

-Te ofrecí sus pechos nada más

Sin mas me ordenas que me acerque, y haces ese gesto para que me siente a tu lado de cuclillas, muy rollo japonés

Julián por fin comprende hasta donde llega tu autoridad, pues había notado mi deseo y mis jadeos de hembra en celo, y aún así había parado inmediatamente, solo por oír tu voz

-No me gusta que mis amigos se pasen de listos conmigo

Julián está incómodo, es más, parece que hasta algo temeroso, sin embargo tienen una erección de caballo y parece que su pantalón va a estallar

-Creo que has entendido el punto, ahora puedes marcharte, si nuestras relaciones siguen favorablemente, probablemente te invite a una cena privada de empresa, y ella será quien nos atienda

Julián se levanta confuso y se va esta pero a la vez esperanzado con la oferta. Julián sale y cierra la puerta, tú me miras y acaricias mi cabeza, de pronto me coges del cabello y tiras de él, me levantas la cabeza a la altura de tu cara: lo has hecho bien, mi pequeña perra, y me besas con pasión y violencia, bajas tu mano hacia mi coño, con meter sólo un dedo me corro. Esto te complace y enfada a partes iguales.

Sueltas mi pelo, y usas tu mano para sujetarme del cuello, me estás asfixiando, y en lugar de meter un dedo metes la mano entera, pese a lo lubricada que estoy me pilla de sorpresa, y suelto un grito de dolor.
-Te has pasado, te morías por sentir la verga de ese tío, ¿no es así?
Se me salen las lágrimas, duele y a la par me corro pero el dolor gana.
-¿Te gusta ese hombre?
-No, maestro yo…
-No me mientas, estas excitada como una perra- dices mientras me abofeteas.
-Lo siento maestro, digo entre sollozos bastante avergonzada, soy una hembra en celo, pero solo deseo complacer a mi maestro

-Ponte de pie, -¿te gusta que otros hombres te toquen?

 -Me gusta complacer a mi maestro

-Pero ¿te gusta que te toquen otras manos?

Miro al suelo avergonzada

– Sí, mi señor, y me gusta que usted lo vea

  • Ponte de pie y abre las piernas

Me pongo de pie y adopto la posición de descanso militar. Sacas del cajón el collar, y no puedo evitar sonreír al imaginar que me vas a poseer. Me pellizcas la nalga en respuesta. Suelto un ayyy de dolor. Frunces el ceño, ante mi queja

– No te mereces esto, y pones el collar en la mesa, tráeme la pala

Voy a regañadientes, pero te la doy obediente

Ofréceme tu coño y tu culo, puedes recargarte en la silla si lo crees necesario, pero quiero las piernas bien estiradas

Pongo cara de lastimilla, no me gusta la pala, pero obedezco como una niña que no quiere hacerlo poniendo gestos y algún que otro resoplido

Me das el primer golpe justo en medio, has azotado mi coño fuertemente. Duele mucho y automáticamente flexiono las rodillas

-Eres la mas puta que he conocido -zas otro golpe- -Me gusta pero a veces me irrita

Siempre has sabido que soy una llama de fuego encerrada en el cuerpo de una mujer, pero odias la facilidad con la que me regalo, lo fácil que se abre mi sexo al deseo, en parte es algo que te gusta, siempre puedes follarme sin necesidad de calentarme, en cualquier momento puedes usar cualquier parte de mí.
Pero desde que me conociste habías decido enseñarme a no mostrarme como una presa indefensa y ansiosa con cualquiera, desde que nos conocemos habías visto muchas facetas de leona en mí, pero insisto en portarme como una triste gallina que terminará en un caldo

 Sabías que Julián era un puto cerdo, lo mejor que se podía sacer de él eran las ladillas

Llevabas varios golpes y yo lloraba mientras bajaba las caderas

 -Te estas portando como una niñata, aguanta como una mujer, dices mientras tiras de mi cabello.

Tu voz es como un rayo en mi cabeza y paso de esa postura encorvada, a una con las piernas y los brazos bien estirados, hasta la mirada ha cambiado, y ahora afronto el castigo con dignidad

Estas satisfecho ha aparecido la leona dócil, sabes que ahora por mas cachonda que esté no me dejaría follar por un cerdo como Julián, soy una leona que ha decidido someterse para crecer por dentro.

Vuelvo a ser la mujer que te gusta

Das un último golpe para asegurarte, y yo mantengo la dignidad.

Me pones el collar y procedes a follarme con mucha fuerza, comienzo a gemir cada vez mas.

-Córrete en silencio y se una buena chica

Muerdo mi labio inferior e intento abrazar tu polla con mi dolorido e hinchado coño, tiras de mi cuello y soy absolutamente tuya.

-Te has ganado mi semen, me dices mientras hundes cada vez mas tu polla en mí.

Gracias, maestro, por enseñarme a ser mejor, esas palabras te gustan y me llenas como premio.
Me das un beso larguísimo y yo te miro con adoración. Sales de mi cuerpo y tu semen mancha mis muslos. Me das un beso en la frente y dices que soy una buena chica. Me visto y vuelvo a mis tareas con la alegría de saber que tú me ayudarás a encontrar la mejor versión de mí misma.

Al despertar me ha dado toda la bajona el pensar que solo era un sueño, un trabajo fijo ante la terrible precariedad laboral en la que vivimos; en cuanto a lo que soñé con mi maestro, se que él estará a mi lado para ayudarme a ser la mejor versión de mí, y yo siempre estaré para complacerlo.

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