La dama Asteria

Dama {Maestro Látigo}  Maestro, elige un sitio, te excito pero te lo digo para hacerlo, no sólo para excitarte. Pues ahora imagina esa sensación en un lugar público con mis labios, mi boca. Tú de pie o sentado, como desees, yo de rodillas, ambos en silencio y el hilo musical o el ruido del tráfico, lo que sea. Yo notaré tu placer no sólo en tu sexo, sino en tus manos, porque no podrías más que susurrar de forma inaudible lo que quisieras decirme. Tus manos tendrían que guiarme. No podrías palmearme, por el ruido, pellizcarme sí, aunque creo que tendrías las manos muy ocupadas con mi nuca y mi pelo, marcando el ritmo, ahogando jadeos. No podrías alborotarme mucho el pelo, porque luego, después de correrte en mi boca, tendríamos que salir, tenemos que estar presentables, pero claro, para eso llevaría el pelo en coletas, para que me manejaras a tu antojo. Podría lamerte los testículos, podría dedicarte mis manos también, claro.

Dama {Maestro Látigo}  Maestro, quizá en un espacio un poco más abierto, si no tenemos prisa, incluso podrías pegarme a la pared, o al espejo del probador, abrirme de piernas y penetrarme, viéndonos nítidamente, en el espejo.  Yo tendré que ir con falda, por ejemplo, para facilitar la maniobra, tú verás por detrás, lo que ves, y por delante, mi cuerpo apoyado en el cristal, la falda subida, y mis expresiones al penetrarme. Las piernas como tú quieras, separadas para entrar mejor, juntas, como en el campo de tiro… si quisieras verme bien la cara en el espejo, podrías levantármela estirando de las coletas, firmemente. Puedes someterme por detrás, controlarme por delante, podrías ver un primer plano de tus manos en mis pechos, incluso podrías empotrarme en la pared, siempre sin hacer ruido, claro.
Podrías penetrarme cuanto quisieras con la idea de acabar en mi boca, dándome la vuelta bruscamente y apretando de mis hombros hacia abajo para que me arrodillara frente a ti y siguiera con las manos, aprovechando todo el espacio libre que me habrían dejado tus calzoncillos por los tobillos, podría usar la boca para jugar con tu glande, si me dejas claro, aunque teniendo en cuenta lo excitado que estarías, ya no me dejarías permanecer en la punta y estarías empotrándote contra mí, mientras yo peleaba para usar la lengua en el fondo de mi boca, la meterías y la sacarías obligándome a hacer fuerza con los labios apretados y las manos estarían jugando entre tus piernas, acariciando con las uñas, apretando el inicio de tu polla, ese que anda escondido pellizcando con suma suavidad, la fuerza la dejaremos para la lengua, volverías a embestirme probando la resistencia de mi garganta y de mi campanilla, recorriendo la carne de mis carrillos, mi paladar chocando contra él , aprieta, aprieta mi cabeza, aprisiónala bien delante de ti , siénteme estremecer, cuando tengo que ayudarme con las manos para no ahogarme, cuando la noto palpitar dentro de mi garganta, cuando me golpeas con ella, dura, rígida, erguida, ante mí, ella me somete entonces, porque entra y sale cuanto y como quiere porque cuando lo desea, me inunda. Yo estoy mojada, y lo sabes, pero ahora disfrutas de la humedad de mi boca, te gusta que cierre los labios y abrirte paso tú mismo y empujarme la lengua hacia dentro, te gusta que te lubrique y que después siga lamiendo alrededor, y que busque cada pliegue y lo lama, alternar, con mi pecho, durante un instante, para después volver al hueco pequeño, al que te produce más roce más placer.
Mi señor, me tienes de rodillas y sabes que puedes entrar por cualquier cavidad de mi cuerpo sabes que si no fuera porque nadie debe oírnos no podría parar de gemir que tu sexo me hace gritar excepto cuando me llenas la boca, que me gusta tu sabor, que me deleito con tu piel, tersa, estirada, bueno, eso sí va a ser un gran esfuerzo para controlarme, seguimos en un sitio público pero me haces ponerme de rodillas, no pueden fallarme las piernas a mitad, la tienes completamente lubricada, gran trabajo el mío, y pasas por delante de mi ano varias veces, buscando la manera menos dolorosa de entrar en mí, primero un poco, ahogo el grito. Un poco más, quieto, me notas estremecer, ahora entras muy lentamente, más , un poco más, cada vez más, yo casi hago agujeros en la moqueta con las uñas y ahora sí que no puedes parar  y entras del todo. Junger,  como no puedo gritar, me salta una lágrima, y un jadeo suave, pero me echo hacia atrás, sigo tu ritmo, aunque es difícil porque estás acelerado, tus manos en mis nalgas,  una mano va a mi clítoris ahora ves que claramente estoy empapada y me embistes una, otra vez, sí, me parece que me vas a inundar el culo, eso haces. Me inundas, pero esa palmada que me acabas de dar, que sepas que se ha oído en el probador de al lado, que poco discreto eres a veces, aunque estoy yo como para darme cuenta.
Sécate en mis bragas, total, cuando yo me ponga de pie, ya no habrá sequedad ninguna en ellas, entre lo mío, y lo tuyo. Solo te quiero a ti. Yo no te haré nada que tú no me pidas, quiero mascarte la seta, hum… ábreme el culo, abrillántame el culo, oh, sí, te voy a mascar la seta… bueno, ya, a ver, que nos metemos de lleno en el mal gusto

Maestro Látigo: ¿ves? eres mi esclava sexual

Dama {Maestro Látigo}  Junger  sí, pero si es lo que soy, además dímelo tú, mientras me bajas la cabeza y me la metes en la boca, será excitante, yo soy tu sumisa que me metas mano siempre es un consuelo. Y otra cosa, yo el collar lo veo como algo muy sexual, es símbolo de pertenencia, pero lo veo sobre todo muy morboso. También es símbolo de pertenencia. Cuando lo veo, pienso sobre todo en lo entregada que estoy a ti, entiéndeme

Maestro Látigo: te sodomizo, voy a empalarte con mi verga

Dama {Maestro Látigo}  Junger  pues cuando me has penetrado hoy, justo durante un instante, dolor, porque yo no estaba preparada aún, pero es cuestión de segundos que se me pase. Luego mucho placer, cuando la primera bolita. He tenido algo de miedo cuando me ibas a sodomizar, porque estaba de puntillas, y no estaba preparada. Placer, mucho placer, y después me has dado la vuelta y es que se me iban las caderas solas. Parecía que te buscaban, y chupándotela me encanta, porque me encanta jugar, lo que pasa es que ha sido raro, porque se ha prolongado aún sintiendo que era apresurado, y las sensaciones eran más bruscas. No he llegado a perder el control esta vez, pero me pasaba algo, sentía que era tan fuerte que cuando me iban a salir palabras, al final no lo hacían porque los hechos eran más fuertes que las mismas palabras. No se me ocurren ejemplos buenos. Pero es un bésame los labios cuando ya tengo mi lengua en tu garganta, se quedaban cortas, sonaban a poco. Amo, cuando me tenías apoyada en el sofá, dada la vuelta, y me has soltado el cachete… yo no sé qué tiene eso… es que no llego a formular palabras, no es que me corte al decirlas, es que no las encuentro pero tengo ganas de hablar, tengo el impulso, pero no las palabras… acabo de imaginarte cogiéndome de la coleta con mucha determinación, acercándome a tu boca, sin tocarla, diciéndome alguna barbaridad o amenaza, a pocos milímetros de mí, mirándome con furia, sin que yo me pueda mover por la forma en que me tienes asida la cabeza… Mi señor, a veces de pronto me da la sensación de que vuelvo a la realidad y me sorprendo oyéndome gemir, soy muy escandalosa, me asusto un poco, cuando hacemos la bolita es otra forma de sumisión, al fin y al cabo, yo no te veo, he de imaginarte. A lo mejor eso tiene que ver con que me gusten tus golpes, tus cachetes, tus manos apretando, es otra forma de verte

Maestro Látigo: de sentirme

Dama {Maestro Látigo}  Junger  no, si sentirte, te digo que te siento 😀 y me gusta oírte, te oigo poco, al principio susurras, luego te callas, y a veces logro oírte respirar fuerte, y justo cuando estás llegando ahí te sueltas, por eso digo tanto que sí, me gusta responderte, me gusta tanto oírte, y con me gusta me refiero a que me excita pero los susurros no los oigo, aunque me pone oírte mascullar. Al principio es otra historia, cuando estamos tumbados y empiezo a acariciarte no siento ese poder tuyo sobre mí, es más cosa mía, es mi momento, ahí mando yo. Decido cómo tocarte, depende de mí hacerte estremecer, no es que mande yo, eso me la suda, es que es cosa mía, mi iniciativa, si te toco y te noto muy puesto con ganas de ir  a saco, yo empiezo fuerte, cuando no, es el juego de la insinuación. La discreción, la inocencia de una caricia que pasa al lado de tu sexo y lo roza «sin querer» y que le gusta, y repite, los muslos, un roce que no se sabe muy bien si es sexual o cariñoso (vale, luego se le ve el plumero y se descubre que es puro deseo), y poco a poco coge confianza, y se corta menos en tocarte, pero sin olvidar las caricias hasta que se pierde toda vergüenza y busca directamente a través de tu calzoncillo. Las primeras veces no era un juego, era vergüenza real.

Asteria
Arkadia
Kajira
Holandesa
Nina
Luna
Dulce
Chispita
Sibari

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s