Entrega al maestro

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Enloquecidos de deseo y pasión nos arrojamos el uno sobre el otro, antes, por la calle acaricio su culo, le magreo los pechos deliciosos en el coche y bajo la mano a su entrepierna para frotarle mientras conduce por la autopista. Me gusta mirar su bello rostro, de perfil perfecto con unos ojos verdes que chispean de alegría. Follamos con fuerza, la azoto y vuelvo a excitarme, penetro su boca, invado su culo, embisto su cuerpo y la tomo de mil maneras extrayendo de ella un orgasmo tras otro.

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