Las cosas que no dije


Hola, la verdad es que no he pedido permiso para escribir en este hilo, pero espero que mi maestro lo entienda, que tengo ganas de hablar de él. Mi ideal es mi dueño y Señor, mi Maestro. Sin más. Entiendo a la perfección lo que dice Gretha, cosas como que no sean más bajos que tú o que los rubios parecen blanditos. Pero en mi caso, mis gustos se ciñen a él, no sé si porque él es así que me gusta, o porque se adecua a mis cánones de belleza y atractivo. Mi maestro es guapo, de primeras, esa suerte que he tenido. De piel y cabello morenos, de esos ojos penetrantes e intensos que te hacen sentir absolutamente femenina, y aterrorizada si están iracundos. Ancho de espalda, de manos firmes, fuertes y seguras, que te cobijan y te obligan, pero nunca te dejan indiferente. De voz masculina, profunda, autoritaria, pero no porque vaya mangoneando por ahí a la gente, sino porque tiene ‘auctoritas’. Por amable que pueda ser su tono, no conozco a nadie que desobedezca cuando dice algo.

Y luego me remito a lo dicho por mi Señor en otro hilo. El físico está bien pero no es determinante. Yo tengo esa suerte, pero sucumbí a él por otras cosas. Porque es extremadamente culto y ameno. Porque nunca desperdicia un momento para enseñar. Porque siempre me aporta algo. Por su pragmatismo y voluntad. Por valiente. Por divertido también, no todo es seriedad, afortunadamente. Ingenioso, de respuesta rápida, de pensamiento rápido, dinámico. Me gusta sentirme arropada por él, me gusta hablar con él, viajar con él, leer con él, reír con él. Me gusta su forma de dominar, siempre justa. Su percepción de la vida, que en mis momentos más bajos siempre me ha hecho seguir adelante. Su perseverancia. Su autoridad. Me parece un hombre fascinante.

Yo reconozco que lo que más me vuelve loca, desde que le conozco, es oírle, lo que dice y cómo lo dice, pese a su belleza exterior, que podría haber sido el motivo, y no lo fue, de que me entregara a él.

Resulta que siempre se le olvida a una cosas. Y otras prefiere guardárselas para la intimidad. El caso es que se supone que este hilo era sobre «el físico del amo». No os he contado que yo buscaba excusas para pasar por su lado a olerle el pelo. Que no le quitaba ojo para no perderme ni un solo perfil, para mirar esa perfecta nariz que heredó de su madre. Que tiene unas piernas contorneadas y preciosas irradian fuerza de tanto caminar a estilo legionario, y que le sirven para embestirme cuando nos damos placer. No os he contado cómo me gusta su pecho, y ese culo que tiene tan chulo, tan masculino, tan bien puesto. No os he contado que tiene los tobillos más masculinos que jamás he visto.

Y todo eso es nada comparado con lo que me da. Es hiperactivo. Es hipersexual, pero creo que es hiperactivo porque siempre está haciendo cosas. Muchas actividades, muchos trabajos, mucho movimiento. Escribe, y muy bien, habla en público, y me pone a mil. Camina rapidísimo. Y mucho, mucho. Recarga. Hace sus trabajos de manitas en casa. Todo lo quiere hacer él, busca las instrucciones o la forma de hacerlo y lo hace. Ergo la hipersexualidad tiene su explicación. Adora el sexo. Le encanta follarme. Hemos llegado a echar 7 polvos en un día, y con 50 años. A saber qué me hubiera hecho con treinta. Disfruta dándome placer, obligándome a recibirlo, recibirlo de mí y arrancármelo. Se regodea con cada caricia. Tiene una sensibilidad tan alta que el simple roce le hace tener escalofríos. Tiene una preciosa y poderosa polla que sabe manejar muy bien. Tan bien, que ha sido el único hombre en mi vida que ha sabido darme placer. Tan bien, que yo he descubierto el sexo con él. El Sexo, con mayúscula. Pero no maneja bien sólo su polla. También su látigo, sus manos, sus piernas, SU BOCA, su pelvis, todo lo maneja bien. La manera de magrearme los pechos. La manera de besarme, oh, no tiene parangón. Los labios más suaves, más firmes, la lengua más sabia, podría besarle horas y horas. Su forma de acariciarme el sexo. Su forma de tocarme, tanto para excitarme como para relajarme. Sus pellizcos, sus cachetes, su forma de tirar del pelo. Su manera de agarrarme de las caderas. Su mirada fija cuando me penetra. Sus palabras, sus jadeos. Su ritmo. Sus enormes testículos. Cuando no estoy con él, a veces echo de menos su polla en mi boca. No por el mismo hecho de tener sexo, sino tenerla, así, tal cual, en mi boca. Su destreza con las cuerdas –boyscout-, su imaginación, su imagen poderosa y su segura manera de manejar un cuchillo en el juego sexual. Su sensibilidad si cree que no estoy disfrutando como él. Su mirada penetrante cuando me desea.

Mi Dueño y Señor, mi Maestro, es fascinante, apabullante, grandioso. Es delicioso. Es único. Es mi amo(R).

En fin, espero que este comentario sea de su agrado. Saludos.

asteria {G}

11 comentarios sobre “Las cosas que no dije

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