Inicios de Arkadia

Arkadia {mi señor}


Esta tarde cuando he pensado en hacer el ejercicio me he excitado (igual que ahora mientras te escribo, mi señor), y se me ha ocurrido hacerlo en la entrada donde tengo colgado a la pared un espejo de cuerpo entero. No he utilizado una silla, mi silla ha sido el suelo. Así me encontraba yo, desnuda ante el espejo, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared con las piernas un poco abiertas y no del todo estiradas porque mi entrada es estrecha. No he hecho el ejercicio de relajación en sí porque hoy lo haré antes de ir a dormir, pero sí un poco y luego he empezado con el hielo. He estado mirando como se derretía el hielo y como caía sobre mi cuerpo, también me miraba la cara y veía en mis gestos que me gustaba pero a la vez no me gustaba mi cara. Cuando ya había recorrido mi cuerpo con el hielo no he podido evitarlo y he acariciado con él mis labios vaginales y mi ano, después he sentido necesidad de volver a chuparlo y al quitarlo de mi boca ésta me exigía tener algo con que llenarla; antes de empezar me había puesto un vibrador a mano, que no es bonito pero sí práctico, y mientras se consumía el hielo por mi sexo y mi ano, lo he mantenido dentro de la boca sin encender, con los labios lo sacaba un poco y lo succionaba para que volviese a entrar, lo acariciaba con la lengua y lo volvía a sacar un poco para después meterlo profundo pero sin llegar a atragantarme. Cuando ya quedaba poco hielo lo he introducido lentamente por mi vagina, lentamente para notar ese frío ardiente por dentro, y lo he dejado ahí; después me he postrado con las piernas abiertas ante el espejo y mientras miraba mi cara, sacaba el juguete de mi boca, lo encendía y lo introducía en el ano, aprovechando el suelo para mantenerlo en su sitio. Ahora con las manos en los muslos he mirado mi cuerpo completo y después fijándome en cada una de las partes, y erguida como te gusta he empezado a masturbarme. Aprovechaba mis propios fluidos para masajear el clítoris y lentamente mis caderas subían y bajaban, pero cada vez bajaban más para introducir más el vibrador. El orgasmo no ha sido ningún escándalo pero he quedado satisfecha, me pasa así siempre que hago más de una cosa a la vez. ¿He hecho bien? ¿Te complace que aderece así el ejercicio alguna vez?
En mis ejercicios te tengo presente, aunque todavía no todo lo que yo quisiera, no todo lo que tu quisieras, pero me voy esforzando. Me alegra mucho saber que te ha agradado tanto, realmente te lo narré porque esperaba que apreciases el interés natural y en absoluto forzado que tiene ya no mi mente que es más cabezona, sino mi cuerpo, y que he sabido escuchar su demanda y sin pensar he actuado. Por supuesto me alegra mucho más todavía saber que el gozo también ha sido físico.

No me da vergüenza hacerme las fotografías desnuda, lo que me da vergüenza es que sean vistas, así que lo que me resulta más difícil es adjuntarlas. Tampoco me resulta vergonzoso estar en casa desnuda, pero sí algo incómodo porque segrego mucho fluido vaginal. También me da algo de reparo por los vecinos de la calle transversal, porque soy contraria a las cortinas o cualquier cosa que obstaculice el paso de la luz natural, pero a la vez no lo comprendo porque conozco mi punto exhibicionista. Cuando estaban construyendo ese edificio del que te hablo y llegaron a mi altura, a veces me masturbaba con la esperanza de que algún obrero mirase, pero claro, ellos acabarían por marcharse más pronto que tarde.

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