Esclava sometida

Me recorrió una especie de electricidad desde mi vagina hasta los dedos de los pies, desde mi nuca hasta mi esfínter, di 3 o 4 estertores y el más maravilloso orgasmo me invadió, quise gritar, balbucee, gemí, volvía una y otra vez a morder aquella almohada. Mi Amo me agarraba con sus manos como tenazas prendido de mi hombro y cadera, a cada gemido mío, me daba un fortísimo embate, quería lamerlo, morderlo, besarlo, apretarlo, comérmelo, pero solo pude atinar a tirar mi brazo hacia atrás y apretar su duro glúteo hacia mí. Siguió en su bombeo, ahora cada vez más duro, se corría en mí, sentí como mi vagina con chorros casi interminables de semen se inundaba, haciendo el sonido característico del encharcamiento vaginal, no paró, continuo y continuo, hasta que me di vuelta para besarlo en la boca, se detuvo solo para hundirme la lengua hasta mi garganta, saco aquella verga humeante de mi vagina llena de semen y flujos.
Me hacía sentir tan mujer, es más me había sacado todo el recato y me sentía salvaje, sucia, fuera de las formas, puerca, sin ningún sentimiento, solo sexo brutal y genial, me sentía una puta feliz, usada y saciada. Entre besos y caricias decidí ir a ducharme, ya en la ducha tocaba los líquidos, que aún salían de mi vagina, los llevaba cerca de mi nariz para olerlos sintiendo aquel olor que me enloquecía y me excitaba más, aquel olor que me había regalado mi Amo, mi hombre, el hombre que me hacía gozar sintiéndome su esclava.

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